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Sacerdotes y consagrados


Ritual

  Ritual de la Confirmación

RITUAL DE LA CONFIRMACIÓN



RITOS INICIALES

Rito de recepción del Obispo

Rito de entrada

Obispo:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos:

Amén.

Obispo:

La paz esté con vosotros.

Todos:

Y con tu Espíritu.

Acto penitencial

Obispo: Antes de celebrar los sagrados misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor, reconozcamos humildemente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa por mi gran culpa

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

Obispo: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Todos: Amén.

V./

Señor, ten piedad.

R./

Señor, ten piedad.

V./

Cristo, ten piedad.

R./

Cristo, ten piedad.

V./

Señor, ten piedad.

R./

Señor, ten piedad.

Obispo: Gloria a Dios en el cielo, ...

Oración colecta

Envíanos, Señor, tu Espíritu Santo, para que, caminando en la unidad de la fe y fortalecidos con su amor, contribuyamos

a que la Iglesia, Cuerpo de Cristo, alcance su plenitud .

Por nuestro Señor Jesucristo.

El Obispo se sienta y se coloca la mitra.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 11, 22-12, 2

Señor, el mundo entero es ante ti como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas, si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado?

Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida.

Todos llevan tu soplo incorruptible. Por eso, corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes, para que se conviertan y crean en ti, Señor.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14 (R.: cf. 1)

R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás.R.

R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.

R.

R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R.

R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. R.

R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses

1, 11 - 2,2

Hermanos:

Pedimos continuamente a Dios que os considere dignos de vuestra vocación, para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; para que así Jesús, nuestro Señor, sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

Os rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima.

Palabra de Dios

Aleluya

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.

Todo el que cree en él tiene vida eterna.

El presbítero pide la bendición al Obispo

El Obispo se levanta, se quita la mitra y toma en su mano el báculo.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:

-«Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.»

É1 bajó en seguida y lo recibió muy contento.

Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: -«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»

Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor:

-«Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.»

Jesús le contestó:

-«Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

Palabra del Señor.

Terminado el evangelio el Obispo besa el libro, deja el báculo y se sienta, con mitra. El párroco o el catequista presenta a los confirmandos llamándolos por su nombre y se levantan.

Presentación de los Confirmandos

Señor Obispo:

La comunidad parroquial de N. le presenta a este grupo de jóvenes para que por medio de la imposición de las manos y la unción con el crisma reciban la fuerza del Espíritu Santo para que les ayude en su vida de cristianos y sepan dar testimonio del amor de Dios a los hombres y mujeres de este tiempo. A lo largo de un tiempo estos jóvenes se han ido preparando y descubriendo la presencia de Dios en sus vidas.

Como responsable en esta formación tengo la alegría de presentarlos para que usted les confiera el sacramento del Espíritu.

He aquí sus nombres: (Se van nombrando a los confirmandos y ellos se levantan del

sitio).

Homilía

Terminada la homilía el Obispo, con mitra y báculo, interroga a los confirmandos, les pide la renovación de los compromisos bautismales y al final proclama la fe de la Iglesia.

Renovación de las promesas del Bautismo

Antes de recibir el don del Espíritu Santo, conviene que renovéis ante mí, pastor de la Iglesia, y ante los fieles aquí reunidos, testigos de vuestro compromiso, la fe que vuestros padres y padrinos, en unión de toda la Iglesia, profesaron el día de vuestro bautismo.

Obispo:

  • ¿Estáis dispuestos a luchar contra el pecado, que se manifiesta entre otras cosas en: el egoísmo, la envidia, la venganza, la mentira, etcétera ?

Confirmandos:

  • Sí, estoy dispuesto.

Obispo:

  • ¿Estáis dispuestos a perdonar cuando os hagan una injuria, a amar incluso a los que no os quieren bien, a ayudar a los que os necesiten aunque no sean vuestros amigos?

Confirmandos:

  • Sí, estoy dispuesto.

Obispo:

  • ¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

Confirmandos:

  • Sí, creo.

Obispo:

  • ¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos, y está sentado a la derecha del Padre?

Confirmandos:

  • Sí, creo.

Obispo:

  • ¿Creéis en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que hoy os será comunicado de un modo singular por el sacramento de la Confirmación, como fue dado a los Apóstoles el día de Pentecostés?

Confirmandos:

  • Sí, creo.

Obispo:

  • ¿Creéis en la santa Iglesia católica, en la comunión de los Santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

Confirmandos:

  • Sí, creo.

Obispo:

  • Y de acuerdo con el Evangelio de Jesucristo ¿confiareis siempre en Dios en todas las circunstancias de la vida?

Confirmandos:

  • Sí, confiaré.

Obispo:

  • ¿Trataréis a todos los hombres como hermanos vuestros ?

Confirmandos:

  • Sí, los trataré.

Obispo:

  • ¿Imitaréis en todo a Jesucristo?

Confirmandos:

  • Sí, lo imitaré.

Obispo:

  • ¿Trabajaréis por la salvación de todos los hombres ?

Confirmandos:

  • Sí, trabajaré.

A esta profesión asiente el Obispo proclamando la fe de la Iglesia:

Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar en Cristo Nuestro Señor.

Y los fieles, a su vez, asienten también diciendo:

Amén.

Monición general al Rito de la Confirmación

Llega el momento importante para estos jóvenes. Después de renovar las promesas bautismales que un día sus padres y padrinos hicieron por ellos, ahora nuestro Obispo les impondrá las manos al igual que hacían los Apóstoles. Imponer las manos es uno de los gestos para conferir el don del Espíritu Santo y nos indica la transmisión de un poder, de una fuerza para ellos.

Seguido a este gesto y a la oración, el Obispo crismará a los jóvenes imponiéndoles la mano y marcándoles con la señal de la cruz. Ser crismado es lo mismo que ser Cristo, ser mesías, ser ungido. A partir de este momento tendrán la misión de dar testimonio de la verdad y ser fermento de santidad en el mundo.

Participamos todos de este rito orando por los que van a ser confirmados.

Imposición de las manos.

El Obispo, de pie, con las manos juntas y de cara al pueblo dice:

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso y pidámosle que derrame el Espíritu Santo sobre estos hijos de adopción que renacieron ya a la vida eterna en el Bautismo, para que los fortalezca con la abundancia de sus dones, los consagre con su unción espiritual y haga de ellos imagen perfecta de Jesucristo.

Todos oran en silencio unos instantes.

Después el Obispo impone las manos sobre todos los confirmandos.

Mientras tanto el Obispo dice:

DIOS TODOPODEROSO,

PADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO,

QUE REGENERASTE, POR EL AGUA Y EL ESPÍRITU SANTO, A

ESTOS SIERVOS TUYOS

Y LOS LIBRASTE DEL PECADO,

ESCUCHA NUESTRA ORACIÓN Y ENVÍA SOBRE ELLOS

EL ESPÍRITU SANTO DEFENSOR;

LLÉNALOS DE ESPÍRITU DE SABIDURÍA Y DE

INTELIGENCIA, DE ESPÍRITU DE CONSEJO Y DE

FORTALEZA,

DE ESPÍRITU DE CIENCIA Y DE PIEDAD,

Y CÓLMALOS DEL ESPÍRITU DE TU SANTO TEMOR. POR JESUCRISTO, NUESTRO SEÑOR. R./ Amén.

Crismación

Un presbítero presenta el santo crisma al Obispo. En este momento el Obispo se pone la mitra.

Se acercan al Obispo los confirmandos.

Los padrinos que presentan al confirmando colocan la mano derecha sobre el hombro de éste y dice al Obispo el nombre del Confirmando.

El Obispo moja el dedo pulgar de su mano derecha en el santo Crisma y hace con él la señal de la cruz sobre la frente del confirmando diciendo:

Canto

N., recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo.

Y el confirmado responde:

Amén.

El Obispo añade:

La paz sea contigo.

El confirmado responde:

Y con tu Espíritu.

Terminada la unción el Obispo va a la sede, se lava las manos y, sin mitra, introduce la oración de los fieles.

Oración de los fieles

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso y, ya que es una misma la fe, la esperanza y el amor que el Espíritu Santo ha infundido en todos nosotros, que nuestra oración sea también unánime ante la presencia de nuestro Padre común.

  1. Por la Iglesia, para que todos sus miembros sepamos transmitir fielmente el mensaje del evangelio a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, roguemos al Señor.
  2. Por nuestro obispo, que nos preside en esta celebración, para que sea un buen pastor en la Diócesis y sepa animar a nuestras comunidades, roguemos al Señor.
  3. Por los que rigen las naciones, para que procuren siempre la paz y la concordia entre todos los pueblos, roguemos al Señor.
  4. Por nosotros que acabamos de recibir el Espíritu de Dios, para que seamos responsables en la tarea de la evangelización, roguemos al Señor.
  5. Por nosotros, aquí reunidos, por nuestras familias; para que el Espíritu Santo siempre nos mueva a estar al lado de los que más lo necesitan, roguemos al Señor.
  6. Para que el Señor siga enviando vocaciones sacerdotales a su Iglesia de Teruel y Albarracín. Roguemos al Señor. Señor, Dios nuestro, que diste a los Apóstoles el Espíritu Santo, y quisiste que por ellos y sus sucesores fuera transmitido a todos los fieles, atiende nuestras súplicas y concédenos que lo que tu amor realizó en los comienzos de la Iglesia se realice también hoy en el corazón de los creyentes. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA

  1. Se omite el Credo.
  2. Algunos de los Confirmados pueden llevar al altar el pan y el vino y otras ofrendas. En este momento el Obispo se pone la mitra
  3. Los confirmados que hayan recibido la Primera Comunión, pueden recibir la comunión bajo las dos especies.

Presentación del pan y el vino

Pan

Bendito seas, Señor, Dios del universo por este pan,

fruto de la tierra y del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, él será para nosotros pan de vida.

Vino

Bendito seas, Señor, Dios del universo por este vino,

fruto de la vid y del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, él será para nosotros bebida de salvación.

Luego el presidente prosigue:

Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

El pueblo responde:

El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Padre Santo, las ofrendas de tu familia, para que, quienes acaban de recibir el don del Espíritu Santo,

conserven siempre lo que han recibido

y alcancen un día los premios eternos. Por Jesucristo nuestro Señor.

PLEGARIA EUCARÍSTICA

PREFACIO DE LA CONFIRMACIÓN

V./ El Señor esté con vosotros.

R./ Y con tu Espíritu.

V./ Levantemos el corazón.

R./ Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V./ Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R./ Es justo y necesario.

En verdad es justo darte gracias, es bueno cantar tu gloria, Padre santo, fuente y origen de todo bien.

Tú, en el bautismo das nueva vida a los creyentes y los haces partícipes del misterio pascual de tu Hijo.

Tú los confirmas con el sello del Espíritu, mediante la imposición de manos y la unción del crisma.

Así, renovados a imagen de Cristo, el ungido por el Espíritu Santo y enviado para anunciar la buena nueva de la salvación, los haces tus comensales en el banquete eucarístico

y testigos de la fe en la Iglesia y en el mundo.

Por eso, nosotros, reunidos en esta asamblea festiva para celebrar los prodigios de un renovado Pentecostés, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo.

Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Hosanna en el cielo.

Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

El Obispo, con las manos extendidas, dice:

S

anto eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo,

das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:

P

or eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo: de manera que sean

Cuerpo y Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro,

Junta las manos. que nos mandó celebrar estos misterios.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.

P

orque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó pan,

y dando gracias te bendijo,

lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

T

omad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue:

Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

T

omad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros

y por todos los hombres para el perdón de los pecados.

Haced esto en conmemoración mía.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Después el Obispo, con las manos extendidas, dice:

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo,

de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima

por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad,

para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

Concelebrante Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos:

con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y los mártires,

[san N.: santo del día o patrono] y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

Concelebrante Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra:

a tu servidor, el Papa N., a nuestro N., al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

Ayuda a tus hijos, que hoy has confirmado, marcándolos con el sello del Espíritu Santo; custodia en ellos en don de tu amor.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,

Junta las manos.

por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

RITO DE LA COMUNIÓN

Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el Obispo, con las manos juntas, dice:

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

El Obispo, con las manos extendidas, prosigue él solo:

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Junta las manos.

El pueblo concluye la oración, aclamando:

Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el Obispo, con las manos extendidas, dice en voz alta:

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz os dejo, mi paz os doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.

Junta las manos.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

El pueblo responde:

Amén.

El Obispo, extendiendo y juntando las manos, añade:

La paz del Señor esté siempre con vosotros.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

El Obispo añade:

Daos fraternalmente la paz.

Terminada la comunión y antes de la oración de postcomunión los jóvenes darán gracias a Dios por el don del Espíritu. Acto seguido el Obispo les entregará el recuerdo de la Confirmación.

Oración después de la comunión

Derrama, Señor, sobre nosotros

tu espíritu de caridad,

para que vivamos siempre unidos en tu amor los que hemos participado de un mismo sacramento pascual.

Por Jesucristo nuestro Señor.

RITO DE CONCLUSIÓN

El Obispo, con la mitra puesta, extiende las manos hacia el pueblo y dice:

El Señor esté con vosotros.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu

Bendición solemne

Dios Padre todopoderoso, que os adoptó como hijos, haciéndoos renacer del agua y del Espíritu Santo, os bendiga y os haga siempre dignos de su amor.

R. Amén.

El Hijo unigénito de Dios, que prometió que el Espíritu de verdad estaría siempre en la Iglesia, os bendiga y os fortalezca en la confesión de la fe verdadera.

R. Amén.

El Espíritu Santo,

que encendió en el corazón de los discípulos el fuego del amor, os bendiga y, congregándoos en la unidad, os conduzca a los gozos del reino eterno.

R. Amén.

Y, a continuación, coge el báculo y añade:

Y la bendición de Dios todopoderoso Padre , Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

El Pueblo responde:

Amén.