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Sacerdotes y consagrados

Misal Romano

Ordinario de la Misa

Ritos Iniciales

RITOS INICIALES


1. Reunido el pueblo, el sacerdote con los ministros va al altar, mientras se entona el canto de entrada.

2. Cuando llega al altar, el sacerdote con los ministros hace la debida reverencia, besa el altar y, si se juzga oportuno, lo inciensa. Después se dirige con los ministros a la sede.

3. Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan, mientras el sacerdote dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El pueblo responde:

Amén.

Saludo

El sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:

El Señor esté con vosotros.

O bien:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre

y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.

O bien:

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

O bien:

El Señor, que dirige nuestros corazones

para que amemos a Dios, esté con todos vosotros.

O bien:

La paz, la caridad y la fe, de parte de Dios Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

O bien:

El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con su alegría y con su paz, permanezca siempre con todos vosotros.

También pueden usarse las fórmulas de saludo propias de cada tiempo, que se encuentran en la página siguiente.

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El Obispo, en vez de las anteriores fórmulas, en este primer saludo, puede decir:

La paz esté con vosotros.

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Respuesta

El pueblo responde con una de las siguientes fórmulas:

Y con tu espíritu.

O bien:

Bendito seas por siempre, Señor.

O bien:

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo.

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Otra fórmula de saludo propia para la Cincuentena pascual

El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo, rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos vosotros.

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4. El sacerdote, el diácono, u otro ministro idóneo, puede hacer una monición muy breve para introducir la misa del día.

Acto penitencial

5. A continuación se hace el Acto penitencial con alguno de los siguientes formularios:

1

El sacerdote invita a los fieles al arrepentimiento:

Hermanos:

Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

O bien:

El Señor Jesús,

que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.

Se hace una breve pausa en silencio.

Después, hacen todos en común la confesión de sus pecados:

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Golpeándose el pecho, dicen:

por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Luego prosiguen:

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,

a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

2

El sacerdote invita a los fieles al arrepentimiento:

Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.

O bien:

Humildes y penitentes, como el publicano en el templo, acerquémonos al Dios justo, y pidámosle que tenga piedad de nosotros, que también nos reconocemos pecadores.

Se hace una breve pausa en silencio.

Después el sacerdote dice:

Señor, ten misericordia de nosotros.

El pueblo responde:

Porque hemos pecado contra ti.

El sacerdote prosigue:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

El pueblo responde:

Y danos tu salvación.

El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

3

El sacerdote invita a los fieles al arrepentimiento:

Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre.

Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor.

O bien:

El Señor ha dicho: "El que esté sin pecado, que tire la primera piedra". Reconozcámonos, pues, pecadores y perdonémonos los unos a los otros desde lo más íntimo de nuestro corazón.

Se hace una breve pausa en silencio.

Después el sacerdote, u otro ministro idóneo, dice las siguientes invocaciones u otras semejantes:

Tú que has sido enviado a sanar los corazones afligidos: Señor, ten piedad. (O bien: Kyrie, eléison).

El pueblo responde:

Señor, ten piedad. (O bien: Kyrie, eléison).

Sacerdote o ministro:

Tú que has venido a llamar a los pecadores:

Cristo, ten piedad. (O bien: Christe, eléison).

El pueblo responde:

Cristo, ten piedad. (O bien: Christe, eléison).

Sacerdote o ministro:

Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros:

Señor, ten piedad (O bien: Kyrie, eléison) .

El pueblo responde:

Señor, ten piedad. (O bien: Kyrie, eléison).

El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

También pueden usarse las invocaciones siguientes.

Otras invocaciones para la tercera fórmula

del Acto penitencial

TIEMPO ORDINARIO:

I

Tú que eres el camino que conduce al Padre: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

Tú que eres la verdad que ilumina los pueblos: Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.

Tú que eres la vida que renueva el mundo: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

II

Tú que eres la plenitud de la verdad y de la gracia; Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

Tú que te has hecho pobre para enriquecernos: Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.

Tú que has venido para hacer de nosotros tu pueblo santo: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

III

Tú que no has venido a condenar sino a perdonar: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

Tú que has dicho que hay gran fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente: Cristo, ten piedad.

R. Cristo, ten piedad.

Tú que perdonas mucho a quien mucho ama: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

IV Tú que has venido a buscar al que estaba perdido: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

Tú que has querido dar la vida en rescate por todos: Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.

Tú que reúnes a tus hijos dispersos: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

V

Tú que ofreciste el perdón a Pedro arrepentido: Señor, ten piedad R. Señor, ten piedad.

Tú que prometiste el paraíso al buen ladrón: Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.

Tú que perdonas a todo hombre que confía en tu misericordia: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

VI

Defensor de los pobres: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

Refugio de los débiles: Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.

Esperanza de los pecadores: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

CINCUENTENA PASCUAL:

I

Tú que has destruido el pecado y la muerte con tu resurrección: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

Tú que has renovado la creación entera con tu resurrección: Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.

Tú que das la alegría a los vivos y la vida a los muertos con tu resurrección: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

II

Tú, el Primogénito de entre los muertos: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

Tú, el vencedor del pecado y de la muerte: Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.

Tú, la resurrección y la vida: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

III

Tú que eres el sumo sacerdote de la nueva Alianza: Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

Tú que nos edificas como piedras vivas en el templo santo de Dios: Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.

Tú que has ascendido a la derecha del Padre para enviarnos el don del Espíritu: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

6. Siguen las invocaciones Señor, ten piedad, a no ser que ya se hayan utilizado en alguna de las fórmulas del acto penitencial.

V. Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

V. Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.

V. Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.

7. A continuación, si la Liturgia del día lo prescribe, se canta o se dice el himno:

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias,

Señor Dios, Rey celestial,

Dios Padre todopoderoso.

Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;

tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;

tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor,

sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén. _____________________________________________________

Glória in excélsis Deo et in terra pax homínibus bonae voluntátis. Laudámus te, benedícimus te, adorámus te, glorificámus te,

grátias ágimus tibi propter magnam glóriam tuam, Dómine Deus, Rex caeléstis, Deus Pater omnípotens.

Dómine Fili unigénite, Iesu Christe, Dómine Deus, Agnus Dei, Fílius Patris, qui tollis peccáta mundi, miserére nobis; qui tollis peccáta mundi, súscipe deprecatiónem nostram. Qui sedes ad déxteram Patris, miserére nobis. Quóniam tu solus Sanctus, tu solus Dóminus, tu solus Altíssimus,

Iesu Christe, cum Sancto Spíritu: in glória Dei Patris.

Amen.

______________________________________________________________ 8. Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:

Oremos.

Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta. La colecta termina siempre con la conclusión larga:

Si la oración se dirige al Padre:

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Si la oración se dirige al Padre, pero al final de ella se menciona al Hijo:

Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Si la oración se dirige al Hijo:

Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

Al final de la oración el pueblo aclama:

Amén.