Sacerdotes y consagrados


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BENDICIÓN DE TODO LO RELACIONADO CON LOS DESPLAZAMIENTOS HUMANOS


I. RITO DE LA BENDICIÓN


RITOS INICIALES

Reunida la comunidad, puede entonarse un canto adecuado, terminado el cual, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes, diciendo:

El Señor, que es el camino, y la verdad, y la vida, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

Si el ministro es laico, saluda a los presentes, diciendo:

Bendigamos concordes a Jesucristo, el Señor, que es el camino, y la verdad, y la vida.

Todos responden:

Amén.

El ministro dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes.

Cristo, el Hijo de Dios, vino al mundo para reunir a los dispersos.

Por consiguiente, todo aquello que contribuye a que los hombres se unan entre sí es conforme a los designios de Dios, ya que la construcción de nuevas vías de comunicación y el progreso técnico en los transportes acortan las distancias existentes y suprimen la separación que existe entre los pueblos a causa de las montañas o los mares.

Pidamos al Señor que bendiga a los que han trabajado en la construcción de esta obra (este medio de transporte) y proteja con su ayuda a los usuarios


LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la sagrada Escritura, elegido de manera que esté relacionado con las circunstancias concretas del caso.

Jn 14, 6-7: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Juan.

Dijo Jesús a sus discípulos:

—«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Palabra del Señor.

O bien:

Hch 17, 22-28: En él vivimos, nos movemos y existimos

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro de los Hechos de los apóstoles.

Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo:

—«Atenienses, veo que sois casi nimios en lo que toca a religión. Porque, paseándome por ahí y fijándome en vuestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido.” Pues eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo. El Dios que hizo el mundo y lo que contiene, él es Señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres, ni lo sirven manos humanas; como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo. De un solo hombre sacó todo el género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus territorios. Quería que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: “Somos estirpe suya.”» Palabra de Dios.

Pueden también leerse: Is 40, 1a. 3-5; Hch 8, 27-39; Mc 4, 35-41; Lc 3, 3-6; Jn 1, 47-51; Jn 14, 1-7.

Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 24 (25), 4-5. 9-10. 12-13 (R.: 2a)

R. Dios mío, en ti confío.

Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, y todo el día te estoy esperando. R.

Hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y- sus mandatos. R.

¿Hay alguien que tema al Señor? Él le enseñará el camino escogido: su alma vivirá feliz, se descendencia poseerá, la tierra. R.

O bien:

Sal 22 (23), 1-3. 4. 5. 6

R. (cf. 3b) Guíame, Señor, por el sendero justo.

Sal 150, 1-2. 3-4. 5

R. (2b) Alabad al Señor por su inmensa grandeza.

El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.


PRECES

Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Unamos nuestras voces para invocar humildemente a Jesucristo, el Señor, que es el camino que nos conduce a la patria definitiva.

R. Guía, Señor, nuestros pasos por tu camino.

Jesús, Señor, que al hacerte hombre has querido convivir con los hombres, — concédenos, con el apoyo de tu presencia constante, caminar felizmente por la senda de tu amor. R.

Jesús, Señor, que recorrías las poblaciones anunciando tu Evangelio y curando a los enfermos, — continúa transitando por nuestras plazas y calles y confórtanos con tu misericordia. R.

Jesús, Señor, que te presentaste a los discípulos cuando navegaban por el mar y los libraste del peligro, — asístenos siempre en las tempestades de este mundo. R.

Jesús, Señor, que te hiciste compañero de camino de tus discípulos, — bendice nuestros pasos e inflama nuestro corazón con tu palabra. R.

Jesús, Señor, que al subir al cielo nos abriste camino a nosotros, — ampáranos durante nuestra peregrinación en la tierra, hasta que lleguemos al hogar que tu Padre nos tiene preparado. R.

Jesús, Señor, que nos encomendaste como hijos a María, tu madre, — danos, por su intercesión, seguridad en nuestros viajes, para que un día podamos contemplarte y alegrarnos contigo para siempre. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición el ministro dice:

Oremos.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego dice la oración de bendición.


ORACIÓN DE BENDICIÓN

El ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

a) Bendición de un puente, de una calle o carretera, de una plaza, de una vía férrea, de un puerto, de un aeropuerto

1. Oh Dios, que estás cerca

de todos los que viven entregados a tu servicio y velas con solicitud de padre por los que confían en ti, dígnate preceder con tu gracia y seguir cerca con tu compañía

a todos los que pasen por esta calle (carretera, plaza/este puente), para que, con tu protección, superen todas las dificultades de la vida, vean cumplidos sus deseos y lleguen felizmente al lugar de su destino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

O bien:

2. Dios grande y misericordioso, ni la distancia ni el tiempo

pueden separar de ti a los que tú proteges; asiste a tus siervos, que confían en ti, dondequiera que se hallen; dígnate ser su guía y compañero a lo largo de todo su camino; que no les dañe ninguna adversidad, que ninguna dificultad se les oponga, que todo les sea ventajoso y próspero, para que, amparados por tu mano, alcancen felizmente sus justos deseos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

b) Bendición de un vehículo cualquiera

Dios todopoderoso, Creador del cielo y la tierra, que, en tu gran sabiduría, encomendaste al hombre hacer cosas grandes y bellas, te pedimos por los que usen este vehículo: que recorran su camino con precaución y seguridad, eviten toda imprudencia peligrosa para los otros, y, tanto si viajan por placer o por necesidad, experimenten siempre la compañía de Cristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

R. Amén.

c) Bendición de un avión

1. Señor, Dios nuestro, a quien las nubes sirven de carroza, y que avanzas en las alas del viento, concédenos que este avión, construido por el ingenio y la habilidad de tus hijos, recorra apaciblemente sus rutas y transporte a los viajeros felizmente y sin daño, gracias a tu protección, hasta llegar al término de su viaje. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

O bien:

2. Señor, Dios nuestro, que avanzas en las alas del viento, el cielo proclama tu gloria y el firmamento pregona la obra de tus manos; te bendecimos y proclamamos tu grandeza, porque, en tu gran sabiduría, encomendaste al hombre hacer cosas grandes y bellas. Concédenos que esta aeronave sirva para extender más ampliamente la gloria de tu Nombre y para una más rápida solución de nuestros negocios. Que, por tu bendición, los pilotos de este avión actúen siempre con prudencia y habilidad y, volando con seguridad y sin peligro, conduzcan a los pasajeros felizmente a su destino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

d) Bendición de una barca

Atiende, Señor, nuestras súplicas, con las que imploramos tu clemencia, para que alejes de esta barca todo vendaval adverso y domines con tu poder la turbulencia de las olas; así, los que en. ella naveguen, salvaguardados con tu protección, podrán ver realizados sus deseos y llegar salvos al puerto anhelado. Por, Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

e) Bendición de una nave

Oh Dios, que con amor manejas el timón de la Iglesia en medio de las tempestades de este mundo, te pedimos que esta nave y sus pasajeros naveguen favorablemente por sus rutas y, llevándote a ti por piloto, puedan superar todos los riesgos del mar, disfruten felizmente de su viaje y arriben un día con alegría al puerto de la seguridad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Después de la oración de bendición, según las circunstancia el ministro rocía con agua bendita los locales, los vehículos y a los asistentes, mientras se entona un canto adecuado.


CONCLUSIóN DEL RITO

El ministro, si es sacerdote o diácono, concluye el rito, diciendo:

El Señor os guíe en vuestros desplazamientos, para que hagáis en paz vuestro camino y lleguéis a la vida eterna.

R. Amén.

Luego dice:

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R. Amén.

Si es laico, el ministro, invocando la bendición de Dios y santiguándose, dice:

El Señor nos guíe en nuestros desplazamientos, para que hagamos en paz nuestro camino y lleguemos a la vida eterna.

R. Amén.

Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


II. RITO BREVE


El ministro, al comenzar la celebración, dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

Uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un breve texto de la sagrada Escritura, por ejemplo:

Jn 14, 6: Dijo Jesús: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»

Mt 22, 37a. 39b-40: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los profetas.

Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oremos.

Dios todopoderoso, creador del cielo y la tierra, que, en tu gran sabiduría, encomendaste al hombre hacer cosas grandes y bellas, te pedimos por los que usen este vehículo: que recorran su camino con precaución y seguridad, eviten toda imprudencia peligrosa para los otros, y, tanto si viajan por placer o por necesidad, experimenten siempre la compañía de Cristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

R. Amén.

O bien, para una barca:

Atiende, Señor, nuestras súplicas, con las que imploramos tu clemencia, para que alejes de esta barca todo vendaval adverso y domines con tu poder la turbulencia de las olas; así, los que en ella naveguen, salvaguardados con tu protección, podrán ver realizados sus deseos y llegar salvos al puerto anhelado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Según las circunstancias, el ministro rocía con agua bendita a presentes y el vehículo.