Sacerdotes y consagrados


Bendicional

  Puerta Iglesia

BENDICIÓN DE UNA NUEVA PUERTA DE LA IGLESIA

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

Reunida la comunidad, puede entonarse ante la puerta de la iglesia un canto adecuado, por ejemplo, la antífona:

R. ¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas.

Con el salmo 23 (24), u otro canto adecuado.

Salmo 23 (24)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R.

—¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro? R.

—El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso. Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. R.

Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. R.

—¿Quién es ese Rey de la gloria? —El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra. R.

¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. R. —¿Quién es ese Rey de la gloria?

—El Señor, Dios de los ejércitos.

Él es el Rey de la gloria. R.

Terminado el canto, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

La gracia y la paz estén con todos vosotros, en la santa Iglesia de Dios.

U otras palabras, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

Luego el celebrante habla brevemente a los fieles para disponer su ánimo a la celebración y explicar el significado del rito; puede hacerlo con estas palabras u otras semejantes:

Hemos venido aquí, hermanos, para bendecir la puerta de esta iglesia.

Asistamos con devoción a esta ceremonia y pidamos humildemente al Señor que todos los que traspasen sus umbrales para entrar en la iglesia con el fin de escuchar la palabra de Dios y celebrar los sagrados misterios sigan con rectitud de corazón la voz de Cristo, que se proclama a sí mismo puerta de la vida eterna.

Terminada la monición, el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el celebrante prosigue, con las manos extendidas:

Señor, Dios nuestro,

que has querido que tu pueblo se llamara Iglesia, haz que, reunida en tu Nombre, te venere, te ame, te siga y, guiada por ti, alcance el reino que le has prometido.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la sagrada Escritura.

Ap 21, 2-3. 23-26: Vi la ciudad santa, que descendía del cielo, enviada por Dios

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro del Apocalipsis.

Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono:

—«Esta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos.

Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. »

La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero. A su luz canúnarán las naciones, y los reyes de la tierra llevarán a ella su esplendor, y sus puertas no se cerrarán de día, pues allí no habrá noche. Llevarán a ella el esplendor y la riqueza de las naciones.

Palabra de Dios.

Pueden también leerse: Is 26, 1-9; Jr 7, 1-7; Jn 10, 1-10.

>Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 117 (118), 1 y 4. 15-16. 19-20. 22-23

(R.: 26)

R. Bendito el que viene en nombre del Señor.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia. R.

Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos: «La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa, la diestra del Señor es poderosa.» R.

Abridíne las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor.

Ésta es la puerta del Señor:

los vencedores entrarán por ella. R.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. R.

O bien:

Sal 99 (100), 2. 3. 4. 5

R. (2b) Servid al Señor con alegría.

El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Nosotros, que somos. como piedras vivas edificadas sobre Cristo, piedra escogida, invoquémoslo en favor de su amada Iglesia y proclamemos nuestra fe firme en ella, diciendo: R. Aquí está la casa de Dios y la puerta del cielo.

Jesús, Señor, que eres el Pastor eterno y la puerta de las ovejas, — amplía, congrega y protege tu grey. R.

Jesús, Señor, que edificaste tu casa sobre roca,

— consolida a tu Iglesia en una fe firme y confiada. R.

Jesús, Señor, de cuyo costado salió sangre y agua,

— renueva a tu Iglesia con los sacramentos de la alianza nueva y eterna. R.

Jesús, Señor, presente en medio de los que se reúnen en tu Nombre, — escucha la oración unánime de tu Iglesia. R.

Jesús, Señor, que, con el Padre y el Espíritu Santo, haces morada en los que te aman,

— lleva a tu Iglesia a su perfección por el amor. R.

Jesús, Señor, que nunca echas afuera a los que vienen a ti, — recibe a todos los pecadores en la casa de tu Padre. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición, el celebrante, con estas palabras u otras semejantes, invita a los fieles a orar, diciendo:

Queridos hermanos, hemos venido aquí con alegría, para inaugurar con la bendición divina la nueva puerta de esta iglesia. Invoquemos humildemente a Dios, pidiéndole que nos asista con su gracia.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.

ORACIóN DE BENDICIóN

El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición:

Te bendecimos, Señor,

Padre santo, que enviaste a tu Hijo a este mundo para reunir, con la efusión de su sangre,

a los hombres,

dispersos por la fuerza disgregadora del pecado, y para que fuera el Pastor y la Puerta de los que están agrupados en un solo redil, de manera que quien entre por ella se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. Te suplicamos, Señor,

que tus fieles, al entrar por esta puerta, por medio de Jesucristo, tu Hijo,

puedan acercarse a ti, Padre, con un mismo Espíritu, y, al acudir a tu iglesia, confiados, por la fe en Cristo,

manteniéndose constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión de la fracción del pan y en las oraciones, crezcan siempre para edificación de la Jerusalén celeste.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Después de la oración de bendición, el celebrante, según las circunstancias, rocía la puerta con agua bendita, pone incienso y la inciensa.

CONCLUSIóN DEL RITO

Luego el celebrante bendice al pueblo, diciendo, con las mano extendidas sobre los fieles:

Dios, Señor de cielo y tierra, que ha querido hoy reuniros para la bendición de esta puerta, os conceda también

que entréis por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, y alcancéis así la herencia de la felicidad eterna.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R. Amén.

Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.