Sacerdotes y consagrados


Bendicional

  Órganos

BENDICIÓN DE UN ÓRGANO

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

Reunida la comunidad, se entona oportunamente un canto adecuado, terminado el cual, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

El amor de Dios Padre, la paz de nuestro Señor Jesucristo y el consuelo del Espíritu Santo estén siempre con vosotros.

O bien:

El Señor, a quien los santos alaban sin cesar, esté siempre con vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

El celebrante dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Nos hemos reunido aquí, queridos hermanos, para bendecir un nuevo órgano, gracias al cual la celebración de la liturgia será más bella y solemne. El arte musical, cuando se usa en los ritos sagrados, tiene por fin principal la glorificación de Dios y la santificación de los hombres, y por eso el sonido del órgano se convierte en un signo eminente del cántico nuevo que se nos manda cantar a Dios; cantamos de verdad el cántico nuevo cuando nos comportamos rectamente, cuando nos adherimos de corazón y con alegría a la voluntad de Dios, cuando nos amamos los unos a los otros y cumplimos así el mandamiento nuevo.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la sagrada Escritura de los que se proponen a continuación:

Col 3, 12-17: CantadaDios, dándolegraciasdecorazón

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Colosenses.

Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y, por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; en ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Palabra de Dios.

Pueden también leerse: Nm 10, 1-10; 1Cro 15, 3. 16. 19-21. 25; 2Cro 5, 2-5a. 11-14; Ef 5, 15-20; Lc 1, 39-47; Lc 10, 21-22.

Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 46 (47), 2-3. 7-8

(R.: cf. 6)

R. Tocad para Dios entre aclamaciones y al son de trompetas.

Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra. R.

Tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad. Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría. R.

O bien:

Sal 97 (98), 1. 2-3. 4-6

R. (cf. 5 y 6) Aclamad y tocad para el Señor.

El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban el significado de la celebración y la finalidad del órgano.

PRECES

Sigue, según las circunstancias, la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias de los presentes o del momento.

Llenos de alegría, queridos hermanos, proclamemos la grandeza de Dios todopoderoso, por los incontables bienes con que su bondad nos colma, y, como nos enseña el Apóstol, démosle gracias, cantando sus alabanzas con el corazón y con la boca:

R. Gloria a ti, Señor.

Padre santo, rey del cielo y de la tierra, fuente de toda perfección y constante inspirador de toda armonía santa, te alabamos por tu inmensa gloria. R.

Señor Jesucristo, reflejo de la gloria del Padre, que, hecho hombre, viniste a los hombres, para quitar el pecado del mundo y enriquecer con tu gracia a los hermanos redimidos, te glorificamos por tu gran misericordia. R.

Espíritu Santo Dios, que habitas en el corazón de los hombres y los edificas para formar un solo cuerpo, te ensalzamos por tu invisible presencia en la Iglesia. R.

Santa Trinidad un solo Dios, principio y fin de todas las cosas, a quien el cielo y la tierra cantan un cántico nuevo, te adoramos por tu insondable felicidad. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición, el celebrante, con estas palabras u otras semejantes, invita a todos a orar, implorando el auxilio divino:

Conscientes de que somos miembros de la santa Iglesia, invoquemos ahora, a una sola voz y con un solo corazón, a Dios, nuestro Padre.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.

ORACIóN DE BENDICIóN

El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición:

Dios y Señor nuestro,

que eres la belleza siempre antigua y siempre nueva, cuya sabiduría gobierna el mundo y cuya bondad adorna el universo; los coros de los ángeles te alaban, obedientes siempre a tus mandatos; todos los astros del cielo te cantan, observando, en su continuo movimiento, las leyes que tú les has impuesto;

todos los redimidos, a una sola voz, proclaman tu santidad, y con el corazón, con sus labios y con su vida te aclaman, llenos de alegría. También nosotros, tu pueblo santo, reunidos en este lugar con ánimo festivo, ansiamos unir nuestras voces al concierto universal de la creación, y, a fin de que nuestro himno de alabanza suba más dignamente hasta tu majestad, te presentamos este órgano para que lo bendigas y para que, con su ayuda, unamos armónicamente nuestras voces

al cantar tus alabanzas y presentarte nuestros deseos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Luego el celebrante pone incienso e inciensa el órgano; mientras, éste se hace sonar por primera vez.

CONCLUSIóN DEL RITO

El celebrante bendice al pueblo, con las manos extendidas sobre los fieles, diciendo:

El Señor, digno de toda alabanza, os conceda, a los que en la tierra

procuráis cantarle con la boca, el corazón y la vida, que podáis un día cantar eternamente el cántico nuevo en el cielo.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R. Amén.

Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.