Sacerdotes y consagrados


Bendicional

  Objetos Litúrguicos

BENDICIÓN DE OBJETOS QUE SE USAN EN LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS

I. BENDICIÓN DEL CÁLIZ Y DE LA PATENA

A. RITO DE LA BENDICIÓN DENTRO DE LA MISA

En la liturgia de la Palabra, salvo en los días inscritos en los números 1-9de la Lista de días litúrgicos, puede leerse una o dos lecturas de los textos propuestos a continuación.

PRIMERA LECTURA

El lector, uno de los presentes o el mismo sacerdote, lee un texto de la sagrada Escritura:

1 Co 10,14-22: Elcálizdelabendiciónquebendecimos, ¿noescomuniónconlasangredeCristo?

Amigos míos: No tengáis que ver con la idolatría. Os hablo como a gente sensata, formaos vuestro juicio sobre lo que digo. El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Considerad al Israel según la carne: los que comen de las víctimas se unen al altar. ¿Qué quiero decir? ¿Que las víctimas son algo o que los ídolos son algo? No, sino que los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios, y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber de los dos cálices, del Señor y del de los demonios. No podéis participar de las dos mesas, de la del Señor y de la de los demonios. ¿Vamos a provocar al Señor? ¿Es que somos más fuertes que él?.

Palabra de Dios.

Puede también leerse: 1Co 11, 23-26.

A continuación se dice o se canta un salmo responsorial.

Salmo responsorial Sal 22 (23), 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 5a. d)

R. Preparas una mesa ante mí, y mi copa rebosa.

El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar; R.

me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. R.

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R.

O bien:

Sal 15 (16), 5 y 8. 9-10. 11 R. (5a) El Señor es el lote de mi heredad y mi copa.

EVANGELIO

Cogiendounacopa, pronunciólaaccióndegracias,seladio, ytodosbebieron

Lectura del santo Evangelio según san

Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:

—«¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»

Él envió a dos discípulos, diciéndoles:

—«Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?”

Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:

—«Tomad, esto es mi cuerpo.»

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.

Y les dijo:

—«Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios. »

Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

Palabra del Señor.

O bien:

Mt 20, 20-28: Micálizlobeberéis.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos...

Después de la lectura de la palabra de Dios, el sacerdote hace la homilía, en la cual explica las lecturas bíblicas y el sentido de la bendición del cáliz y de la patena que se usan en la celebración de la Cena del Señor.

Terminada la oración de los fieles, los ministros, o los delegados de la comunidad que ofrece el cáliz y la patena, los colocan sobre el altar. Luego, el sacerdote se dirige al altar. Mientras tanto, se canta la antífona siguiente u otro canto adecuado:

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

Terminado el canto, el sacerdote dice:

Oremos.

Todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el sacerdote dice:

Sobre tu altar, Señor Dios,

colocamos, alegres, este cáliz y esta patena, para celebrar el sacrificio de la nueva alianza; que el cuerpo y la sangre de tu Hijo, que en ellos se ofrecen y se reciben santifiquen estos vasos. Concédenos, Señor Dios nuestro, que, al celebrar el sacrificio de tu Hijo, nos fortalezcamos con tus sacramentos y seamos penetrados por tu Espíritu, hasta que podamos gozar con tus santos del banquete del reino celestial.

A ti la gloria y el honor, Señor Dios nuestro.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

Luego, los ministros extienden el corporal sobre el altar. Algunos fieles traen el pan, el vino y el agua para la Eucaristía. El sacerdote coloca los dones sobre la patena y el cáliz recién bendecidos, y los presenta como de costumbre. Mientras tanto, se canta la antífona siguiente:

R. Alzaré la copa de la salvación, y te ofreceré un sacrificio de alabanza.

Con el salmo 115 (116), u otro canto adecuado:

Salmo 115 (116)

Tenía fe, aun cuando dije: «¡Qué desgraciado soy!» Yo decía en mi apuro:

«Los hombres son unos mentirosos.» R.

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. R.

Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu servidor, servidor tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo, en el atrio de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén. R.

Después de la oración de bendición: In spíritu humilitátis, conviene que el sacerdote inciense los dones y el altar. Conviene que también los fieles reciban la sangre de Cristo del cáliz recién bendecido, si las circunstancias lo permiten.

B. RITO DE LA BENDICIÓN FUERA DE LA MISA

Reunido el pueblo, el sacerdote, revestido de alba o sobrepelliz y con estola, se dirige a la sede. Mientras, se puede cantar la antífona siguiente u otro canto adecuado:

Alzaré la copa de la salvación, y te ofreceré un sacrificio de alabanza.

Con el salmo 115 (116), como en el formulario anterior, u otro canto adecuado.

El sacerdote saluda al pueblo con estas palabras u otras tomadas preferentemente de la sagrada Escritura:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, que ofreció su cuerpo y su sangre por nuestra salvación, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.

El pueblo contesta:

Y con tu espíritu.

O bien otras palabras adecuadas.

Luego, el sacerdote habla brevemente a los fieles para prepararlos a la celebración e ilustrar el sentido de la misma.

Después, se lee uno o varios textos de la sagrada Escritura, seleccionados de preferencia entre los propuestos anteriormente (núms. 1191-1196), intercalando un salmo responsorial apropiado, o un espacio de silencio.

Después de la lectura de la palabra de Dios, el sacerdote hace la homilía, en la cual explica las lecturas bíblicas y el sentido de la bendición del cáliz y de la patena que se usan en la celebración de la Cena del Señor.

Terminada la homilía, los ministros, o los delegados de la comunidad que ofrece el cáliz y la patena, los colocan sobre el altar. Luego, el sacerdote se dirige al altar. Mientras, se puede cantar la antífona siguiente u otro canto adecuado:

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

Entonces, el sacerdote dice:

Oremos.

Todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el sacerdote continúa:

Dirige, Padre, tu mirada bondadosa sobre estos hijos tuyos

que han colocado sobre tu altar, llenos de gozo, este cáliz y esta patena;

santifica con tu bendición + estos recipientes, ya que tu pueblo, con unánime consenso, ha determinado destinarlos a la celebración del sacrificio de la nueva alianza. Haz también que nosotros, que, al celebrar los sagrados misterios, nos fortalecemos con tus sacramentos, seamos penetrados de tu Espíritu, hasta que podamos gozar con tus santos del banquete del reino celestial.

A ti la gloria y el honor, Señor Dios nuestro.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

Después, se hace la oración de los fieles, en la forma acostumbrada en la celebración de la Misa o bien en la forma que aquí se propone.

Invoquemos a Jesús, el Señor, que se entrega sin cesar a la Iglesia como pan de vida y copa de la salvación, y digámosle confiadamente:

R. Cristo, pan celestial, danos la vida eterna.

Salvador nuestro, que sometiéndote a la voluntad del Padre, bebiste, por nuestra salvación, el cáliz de la pasión,

— concédenos que, uniéndonos al misterio de tu muerte, alcancemos el reino de los cielos. R.

Sacerdote del Altísimo, que estás presente, aunque oculto, en el sacramento del altar,

— haz que los ojos de nuestra fe vean lo que se esconde a nuestra mirada corporal. R.

Buen Pastor, que te das a los discípulos como comida y bebida, — haz que, saciándonos de ti, en ti nos transformemos. R.

Cordero de Dios, que mandaste a la Iglesia celebrar el misterio pascual con los signos del pan y el vino,

— haz que el memorial de tu muerte y resurrección sea para todos los creyentes fuente y culminación de toda su vida espiritual. R.

Hijo de Dios, que con el pan de vida y la bebida de salvación sacias de modo admirable el hambre y sed de ti,

— haz que en el misterio de la Eucaristía nos llenemos de caridad hacia ti y hacia todos los hombres. R.

Luego, el sacerdote puede introducir la oración del Señor con estas palabras u otras semejantes:

Como culminación de nuestras peticiones, digamos ahora la oración de Cristo mismo, el cual, clavado en la cruz, fue mediador de nuestra salvación y, por su obediencia perfecta a la voluntad del Padre, fue maestro excelente de oración.

Todos recitan la oración del Señor.

El sacerdote añade a continuación:

Señor Dios,

que por la muerte y resurrección de tu Hijo redimiste a todos los hombres, conserva en nosotros la obra de tu amor,

para que, venerando constantemente el misterio de Cristo, consigamos el fruto de nuestra salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Finalmente, el sacerdote bendice al pueblo en la forma acostumbrada y lo despide, diciendo:

Podéis ir en paz.

Todos:

Demos gracias a Dios.

II. BENDICIÓN DE OTROS OBJETOS QUE SE USAN EN LAS

CELEBRACIONES LITÚRGICAS

A. RITO DE LA BENDICIÓN DENTRO DE LA MISA

A fin de promover la índole didáctica de la celebración y de acomodar los ritos a la capacidad de los fieles, puede preverse, si se juzga oportuno, el uso de los objetos bendecidos, en la misma celebración de la Misa. Así, las vestiduras que ha de usar el sacerdote en la celebración de la Misa, y los-manteles que han de cubrir el altar pueden bendecirse antes de los ritos iniciales, en presencia del pueblo.

De no hacerlo así, después de la lectura de la palabra de Dios se hace la homilía. En ella el sacerdote explica las lecturas bíblicas y el significado de la celebración.

Terminada la oración universal, los ministros o unos representantes de la comunidad que ofrece los objetos que se van a bendecir los llevan ante el celebrante.

El celebrante dispone a los presentes para la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos: Los objetos que ahora han sido traídos aquí reciben una bendición especial, para significar con ello que se destinan de modo exclusivo al culto divino. Pidamos al Señor que nos bendiga también a nosotros, y así, él, que es Santo, nos haga también a nosotros santos y dignos de celebrar los sagrados misterios con piedad y devoción.

ORACIóN DE BENDICIóN

Luego el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Después el celebrante, con las manos extendidas, prosigue:

Bendito seas, oh Dios,

que por tu Hijo, Mediador del nuevo Testamento, aceptas complacido nuestra alabanza y nos otorgas copiosamente tus dones; te pedimos que nos concedas que estos objetos, dedicados a la celebración del culto divino, y que son signo de nuestra piedad, ayuden a aumentar nuestra devoción.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

O bien, para las vestiduras litúrgicas:

Bendito seas, oh Dios, que estableciste a tu Hijo único

sumo y eterno sacerdote del nuevo Testamento, y escogiste a unos hombres

para que fueran administradores de tus misterios; te pedimos que hagas que tus ministros usen con reverencia y dignifiquen con su conducta estas vestiduras, destinadas a las celebraciones sagradas y santificadas por tu bendición.

Por Jesucristo, nuestro, Señor.

R. Amén.

B. RITO BREVE

Reunidos los fieles, el celebrante empieza, diciendo:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

O bien:

El Señor esté con vosotros.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

El celebrante, según las circunstancias, dispone a los presentes para la celebración de la bendición.

Uno de los presentes, o el mismo celebrante, lee algún texto de la sagrada Escritura:

Rm 12, 1: Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable.

Ga 3, 26-27: Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo.

Hch 2, 42: Los discípulos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.

Jn 4, 23: Se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así.

Luego el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Después el celebrante, con las manos extendidas, prosigue:

Bendito seas, oh Dios,

que por tu Hijo, Mediador del nuevo Testamento, aceptas complacido nuestra alabanza y nos otorgas copiosamente tus dones; te pedimos que nos concedas que estos objetos

(o bien, por ejemplo, esta píxide / esta custodia / estos lienzos / estos manteles),

dedicados (dedicado) a la celebración del culto divino, y que son (es) signo de nuestra piedad, ayuden (ayude) a aumentar nuestra devoción.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

O bien, para las vestiduras litúrgicas:

Bendito seas, oh Dios, que estableciste a tu Hijo único

sumo y eterno sacerdote del nuevo Testamento, y escogiste a unos hombres

para que fueran administradores de tus misterios; te pedimos que hagas que tus ministros usen con reverencia y dignifiquen con su conducta estas vestiduras, destinadas a las celebraciones sagradas y santificadas por tu bendición.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.