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Sacerdotes y consagrados


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BENDICIÓN DE LOS NOVIOS

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

Reunida la familia, el que preside dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes, diciendo: La gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo,

que nos amó hasta entregarse por nosotros, estén con vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

Si el ministro es laico, saluda a los presentes, diciendo: Hermanos, alabemos a nuestro Señor Jesucristo, que nos amó hasta entregarse por nosotros.

Todos responden:

Amén.

El ministro dispone a los presentes a recibir la bendición con estas palabras u otras semejantes:

Sabemos que la gracia de Dios es siempre necesaria para todos y

en todo momento; pero nadie duda que esta gracia la necesitan los cristianos de manera especial cuando se preparan para formar una nueva familia.

Por tanto, para que estos hermanos nuestros crezcan en el mutuo respeto, se amen cada vez más sinceramente, y, con el debido trato y la oración en común, se vayan preparando castamente para la celebración del santo matrimonio, imploremos para ellos la bendición divina.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego uno de los presentes, o el mismo que preside, lee un texto de la sagrada Escritura.

Jn 15, 9-12: Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Juan.

Dijo Jesús a sus discípulos:

— «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. » Palabra del Señor.

O bien:

1 Co 13, 4-13: El amor cree, espera y aguanta sin límites

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Corintios.

El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca. ¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará. Cuando yo era niño hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño. Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce.

En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor. Palabra de Dios.

Pueden también leerse: Os 2, 21-26; Flp 2, 1-5.

Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 144 (145), 8-9. 10 y 15. 17-18 (R.: 9a)

R. El Señor es bueno con todos.

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles. Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo. R.

El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R.

El que preside, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración y puedan distinguirla claramente de la celebración del matrimonio.

PRECES

Sigue la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias concretas del momento.

Invoquemos a Dios Padre, que tanto ama a los hombres que los hace hijos suyos en Cristo y los pone en el mundo como testigos de su amor. Digámosle confiadamente:

R. Haz que te amemos siempre, Señor.

Tú que has querido que tus verdaderos hijos, hermanos de Cristo, se hicieran conocer por su mutuo amor. R.

Tú que impones a los hombres las suaves exigencias de tu amor, para que, sometiéndose a ellas, encuentren la felicidad. R.

Tú que unes al hombre y a la mujer con el amor recíproco, para que la familia que nace de esta unión se alegre con el gozo de los hijos. R.

Tú que prefiguraste espiritualmente la plenitud del amor de los desposados en el sacramento del matrimonio por el sacrificio pascual de tu Hijo, que amó a la Iglesia, y, por su sangre, la presentó ante ti inmaculada. R.

Tú que llamas a N. y N. a aquella plena comunión de amor por la que los miembros de la familia cristiana llegan a tener un mismo pensar y un mismo sentir. R.

Antes de la oración de bendición, de acuerdo con las costumbres de cada lugar, los que contraen esponsales pueden expresar su compromiso con algún signo, por ejemplo, firmando un documento, o con la entrega de los anillos o de algún otro presente.

Se pueden bendecirlos anillos o los otros presentes de desposorio con la fórmula siguiente:

El Señor haga que de tal manera guardéis estos dones que os habéis intercambiado que a su tiempo llevéis a término lo que os habéis prometido con esta donación recíproca. R. Amén.

ORACIóN DE BENDICIóN

El que preside, con las manos juntas, dice la oración; si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas: Te alabamos, Señor, porque, en tu designio de bondad, mueves y preparas a estos hijos tuyos N. y N.

para que se amen mutuamente; dígnate fortalecer sus corazones, para que, guardándose fidelidad y agradándote en todo, lleguen felizmente al sacramento del matrimonio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

O bien, cuando preside un sacerdote o un diácono: Señor Dios, fuente de todo amor, tu designio providente

hizo que estos prometidos se encontraran; te pedimos

que a quienes imploran tu gracia en este tiempo de preparación al matrimonio les otorgues la ayuda de tu bendición, para que progresen en el mutuo afecto y se amen con amor sincero.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

CONCLUSIóN DEL RITO

El que preside concluye el rito, diciendo: El Dios del amor y de la paz habite en vosotros, dirija vuestros pasos y confirme vuestros corazones en su amor.

Todos:

Amén.

Es aconsejable terminar la celebración con un canto adecuado.