Sacerdotes y consagrados


Bendicional

  Bendición de los niños

BENDICIÓN DE LOS NIÑOS


A. RITO DE LA BENDICIÓN DE LOS NIÑOS YA BAUTIZADOS

RITOS INICIALES

Reunida la comunidad, puede cantarse el salmo 112 (113) u otro canto adecuado. Terminado el canto, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los niños y a los presentes, diciendo:

La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, su Hijo, que mostró su amor por los niños, estén con vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

Si el ministro es laico, saluda a los niños y a los presentes, diciendo: Hermanos, alabemos y demos gracias al Señor, que abrazaba a los niños y los bendecía.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

O bien:

Amén.

El ministro dispone a los niños y a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

El Hijo de Dios, nuestro Señor, cuando vino al mundo, asumió la condición de niño, e iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. Más tarde, recibió benignamente a los niños y los bendijo, resaltó su dignidad, más aún, los puso como ejemplo para los que buscan de verdad el reino de Dios.

Pero los niños necesitan la ayuda de los adultos para el desarrollo de sus cualidades naturales, de sus facultades morales e intelectuales, e incluso físicas, para que alcancen así la madurez humana y cristiana.

Invoquemos, pues, sobre ellos la bendición divina, para que nosotros atendamos con diligencia a su formación y ellos acepten de buen grado la debida instrucción.

Luego el lector, uno de los presentes o el mismo ministro, lee un texto de la sagrada Escritura.

Mc 10, 13-16: Jesús bendecía a los niños

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Marcos.

Le acercaban niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:

—«Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el

reino de Dios como un niño no entrará en él.»

Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos. Palabra del Señor.

O bien:

Mt 18, 1-5. 10: El que recibe a un niño me recibe a mí

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

—«¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?» Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:

—«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que recibe a un niño como éste en mi Nombre me recibe a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.»

Palabra del Señor.

Pueden también leerse: Mt 19, 13-15; Mt 21, 14-16; Lc 2, 46-52.

El que preside, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes,explicando la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración. La alocución ha de ser breve y acomodada a la capacidad de los niños, pero de manera que también los adultos puedan sacar provecho de ella.

Después de la lectura o de la alocución, según las circunstancias, se canta unsalmo, un himno u otro canto conocido por los niños.

Salmo responsorial

Sal 150, 1-2. 3-4. 5 (R.: 5c)

R. Todo ser que alienta alabe al Señor.

Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento. Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras, alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas. R.

Alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes. R.

Todo ser que alienta alabe al Señor. R.

O bien:

Sal 99 (100), 2. 3. 4. 5

R. (3c) Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

PRECES

Sigue la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias concretas de los niños o del momento.

Se ofrecen dos esquemas, el segundo de los cuales es un modelo de preces a las cuales los niños pueden responder y también añadir sus propias intenciones.

A. Invoquemos a Jesús, el Señor, que propuso a todos sus seguidores la sencillez y la docilidad de los niños como condición para entrar en el reino de los cielos, y digámosle suplicantes:

R. Señor, que sepamos recibirte también en la persona de los niños.

Jesús, Señor, tú que, nacido de la Virgen, santificaste también la edad infantil,

— haz que estos niños, siguiendo tu ejemplo, vayan creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia. R.

Tú que, por medio de los padres y de la Iglesia, manifiestas tu amor a los niños,

— haz que todos los responsables de su cuidado tengan una verdadera dedicación a su trabajo. R.

Tú que, por el bautismo, nos engendraste a una nueva filiación y nos abriste las puertas de la casa de tu Padre,

— haz que, con humilde sumisión, te sigamos por donde quieras llevarnos. R.

Tú que, siendo todavía niño, sufriste la persecución y el destierro, — haz que todos los niños oprimidos por la maldad de los hombres o la dureza de la vida encuentren ayuda y protección. R.

B. Jesús, Señor, que acogiste y bendijiste a los niños, escucha con bondad nuestras súplicas:

Te rogamos, óyenos.

Protégenos de todo peligro.

Te rogamos, óyenos.

Dirige nuestra vida y nuestra educación.

Te rogarnos, óyenos.

Haz que también nosotros vayamos creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

Te rogamos, óyenos.

Ayuda a todos los niños del mundo.

Te rogamos, óyenos.

Haz que agradezcamos los dones de tu bondad.

Te rogamos, óyenos.

Bendice a nuestros padres, amigos y bienhechores.

Te rogamos, óyenos.

ORACIóN DE BENDICIóN

El ministro, si es sacerdote o diácono, imponiendo, según las circunstancias, las manos sobre los niños, dice la oración de bendición:

Señor, Dios nuestro, que de la boca de los niños has sacado la alabanza de tu Nombre,

mira con bondad a estos niños (a este niño/a esta niña) que la fe de la Iglesia encomienda a tu providencia y, así como tu Hijo, nacido de la Virgen, al recibir con agrado a los niños, los abrazaba y los bendecía, y nos los puso como ejemplo,

así también, Padre, derrama sobre ellos (él/ella) tu bendición, para que, cuando lleguen a mayores (llegue a mayor), por su buena conducta entre los hombres, y con la fuerza del Espíritu Santo,

sean testigos (sea testigo) de Cristo ante el mundo y enseñen y defiendan (enseñe y defienda) la fe que profesan (profesa).

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Si el ministro es laico, con las manos juntas, dice:

Señor Jesucristo, tanto amaste a los niños

que dijiste que quienes los reciben te reciben a ti mismo; escucha nuestras súplicas en favor de estos niños

(este niño/esta niña)

y, ya que los (lo/la) enriqueciste con la gracia del bautismo, guárdalos (guárdalo/guárdala) con tu continua protección, para que, cuando lleguen a mayores (llegue a mayor), profesen (profese) libremente su fe,

sean fervorosos (sea fervoroso/sea fervorosa) en la caridad y perseveren (persevere) con firmeza en la esperanza de tu reino.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Después de la oración de bendición, el ministro puede rociar a los niños conagua bendita, diciendo, según las circunstancias:

Que esta agua nos recuerde nuestro bautismo en Cristo, que nos redimió con su muerte y resurrección.

CONCLUSIóN DEL RITO

El ministro, si es sacerdote o diácono, concluye el rito, diciendo:Jesús, el Señor, que amó a los niños, os bendiga y os guarde en su amor.

Todos responden:

Amén.

Si el ministro es laico, concluye el rito, santiguándose y diciendo:Jesús, el Señor, que amó a los niños, nos bendiga y nos guarde en su amor.

Todos responden:

Amén.

Es aconsejable terminar la celebración con un canto adecuado.


B. RITO DE LA BENDICIÓN DE UN NIÑO AÚN NO BAUTIZADO

Con ocasión de algún grupo que se reúne para preparar la próximacelebración del bautismo, puede resultar oportuno invocar una peculiar bendición sobre el niño aún no bautizado, igual que sobre un catecúmeno. De, este modo, en la práctica pastoral puede proyectarse con más claridad él significado de la cruz que el ministro y los padres trazan sobre el niño: con este gesto se expresa que el niño es protegido con la señal de la salvación, queda consagrado a Dios y se dispone a recibir el bautismo.

El rito que aquí se propone pueden utilizarlo también el diácono y el laico,principalmente el catequista, con los ritos y preces previstos para él.

RITOS INICIALES

Reunida la familia, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda al niño y a os presentes,diciendo:

La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, de Jesucristo, su Hijo, que mostró su amor por los niños, estén con vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O bien:

Bendito seas por siempre, Señor.

O de otro modo adecuado.

Si el ministro es laico, saluda al niño y a los presentes, diciendo: Hermanos, alabemos y demos gracias al Señor, que abrazaba a los niños y los bendecía.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

O bien:

Amén.

El ministro dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

El Hijo de Dios, nuestro Señor, cuando vino al mundo, asumió la condición de niño, e iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. Más tarde, recibió benignamente a los niños y los bendijo, resaltó su dignidad, más aún, los puso como ejemplo para los que buscan de verdad el reino de Dios.

Pero los niños necesitan la ayuda de los adultos para el desarrollo de sus cualidades naturales, de sus facultades morales e intelectuales, e incluso físicas, para que alcancen así la madurez humana y cristiana. Invoquemos, pues, sobre ellos la bendición divina, para que nosotros atendamos con diligencia a su formación y ellos acepten de buen grado la debida instrucción.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un texto de la sagrada

Escritura, seleccionado de preferencia entre los que se indican en los Rituales del

Bautismo de niños y de la Iniciación cristiana de los adultos y en el Leccionario del Misal romano[9]. Se elegirá la lectura que parezca más apta para que los padres se preparen adecuadamente para el bautismo de su hijo.

Mc 10, 13-16: Jesús bendecía a los niños

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Marcos.

Le acercaban niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:

—«Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el

reino de Dios como un niño no entrará en él.»

Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos. Palabra del Señor.

El que preside, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes,explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

Después de la lectura o de la alocución, según las circunstancias, se canta unsalmo, un himno u otro canto.

Salmo responsorial

Sal 150, 1-2. 3-4. 5 (R.: 5c) R. Todo ser que alienta alabe al Señor.

Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento. Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza. R.

Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras, alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas. R.

Alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor. R.

PRECES

Sigue la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias concretas del niño o del momento. Invoquemos a Jesús, el Señor, que propuso a todos sus seguidores la sencillez de corazón y la docilidad de los niños como condición para entrar en el reino de los cielos, y digámosle suplicantes:

R. Señor, que sepamos recibirte también en la persona de los niños.

Jesús, Señor, que quieres que los nuevos hijos de la Iglesia sean engendrados, no de la carne ni de la sangre, sino de Dios,

— haz que este tiempo de preparación para el bautismo sirva para una más plena celebración de este sacramento. R.

Tú que, por medio de los padres y de la Iglesia, manifiestas tu amor a este niño,

— haz que todos los responsables de su cuidado tengan una verdadera dedicación a su trabajo. R.

Tú que, por el bautismo, nos engendraste a una nueva filiación y nos abriste las puertas de la casa de tu Padre,

— haz que, con humilde sumisión, te sigamos por donde quieras llevarnos. R.

Tú que, siendo todavía niño, sufriste la persecución y el destierro, — haz que todos los niños oprimidos por la maldad de los hombres o la dureza de la vida encuentren ayuda y protección. R.

ORACIóN DE BENDICIóN

El ministro, si es sacerdote o diácono, imponiendo las manos sobre los niños, de lo contrario con las manos juntas, dice la oración de bendición: Dios, Padre todopoderoso,

fuente de bendición y defensor de los niños, que enriqueces y alegras a los esposos con el don de los hijos,

mira con bondad a este niño

y, ya que ha de nacer de nuevo por el agua y el Espíritu Santo, dígnate agregarlo a los miembros de tu grey, para que, una vez recibido el don del bautismo, sea partícipe de tu reino y aprenda a bendecirte con nosotros en la Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

El ministro y los padres hacen la señal de la cruz en la frente del niño, sindecir nada.

CONCLUSIóN DEL RITO

El ministro, si es sacerdote o diácono, concluye el rito, diciendo:Jesús, el Señor, que amó a los niños, os bendiga y os guarde en su amor.

Si el ministro es laico, concluye el rito, santiguándose y diciendo:

Jesús, el Señor, que amó a los niños, nos bendiga y nos guarde en su amor.

Todos responden:

Amén.