Sacerdotes y consagrados


Bendicional

  Hospital

BENDICIÓN DE UN HOSPITAL

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

Reunida la comunidad en el lugar adecuado, después de un canto conveniente el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

Jesús, el Señor,

que recomendó a sus discípulos que atendieran a los enfermos y les proporcionaran alivio, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

El celebrante dispone a los presentes para recibir la bendición, con estas palabras, u otras semejantes:

El Padre de misericordia y Dios del consuelo, que por medio de su Hijo nos alienta en el Espíritu Santo, ama y bendice de un modo especial a los que se encuentra n atribulados, a los enfermos y a todos los que atienden y sirven a los enfermos.

Los enfermos, en efecto, no sólo completan en su carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo, que es la Iglesia, sino que además representan en cierto modo al mismo Cristo, que afirmó que está presente en los enfermos y considera como dirigida a sí mismo cualquier atención que se tenga con ellos.

Es justo, por tanto, que imploremos la bendición divina sobre los enfermos que (viven) vivirán en esta casa y sobre las personas que en ella se (dedican) dedicarán generosamente a atenderlos, y, por tanto, también sobre esta casa, destinada al cuidado de los enfermos.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la sagrada Escritura.

Mt 4, 23-25: Traían a Jesús los enfermos, y él los curaba

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Mateo.

Recorría Jesús toda Galilea, ensefiando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Palabra del Señor.

Pueden también leerse: Si 38, 1-14; 2Co 1, 3-7; Mt 25, 31-46; Lc 10, 30-37.

Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Is 38, 10. 11.

12abcd. 16b-17 (R.: cf. 17a)

R. Tú, Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía.

Yo pensé: «En medio de mis días

tengo que marchar hacia las puertas del abismo; me privan del resto de mis años.» R.

Yo pensé: «Ya no veré más al Señor

en la tierra de los vivos, ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo. R.

Levantan y enrollan mi vida como una tienda de pastores. Como un tejedor, devanaba yo mi vida, y me cortan la trama.» R.

Me has curado, me has hecho revivir, la amargura se me volvió paz

cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía y volviste la espalda a todos mis pecados. R.

O bien:

Sal 101 (102), 2-3. 24-25

R. (2) Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti.

El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

Sigue la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento o de las personas.

Supliquemos con humildad a Cristo, el Señor, que vino al mundo para curar a los enfermos y consolar a los afligidos: R. Bendice, Señor, a los que en ti confían.

Tú que viniste a curar a los enfermos y sanar los corazones afligidos, — toma posesión de esta casa destinada al cuidado de los enfermos. R.

Tú que, proclamando el Evangelio del reino, curabas las enfermedades y dolencias del pueblo,

— muestra a todos tu misericordia y tu bondad. R.

Tú que tocabas a los enfermos y quedaban curados,

— presta el auxilio de tu gracia a los enfermos que aquí serán (son) atendidos. R.

Tú que encomendaste a los apóstoles que curaran a los enfermos, — escucha las súplicas de tu Iglesia, que pide la salud para ellos. R.

Tú que prometiste el premio celestial a los que en tu Nombre visiten y consuelen a los enfermos,

—infunde en nosotros sentimientos de compasión, para que sepamos descubrirte y amarte en los hermanos enfermos. R.

ORACIóN DE BENDICIóN

El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición

Señor, Dios nuestro,

cuyo Hijo, movido por la fuerza del Espíritu Santo, curó nuestras enfermedades y dolencias y, al enviar a los discípulos a proclamar el Evangelio, les mandó que visitaran y curaran a los enfermos, concédenos, por tu bondad,

que todos los que vivan (viven) en este lugar encuentren un trato humano y unas atenciones llenas de solicitud por parte de los, médicos y sus ayudantes y que, al salir de aquí,

recuperada la salud del cuerpo y del espíritu, alaben para siempre tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

O bien:

Bendito seas, Dios y Padre nuestro, que, por medio de tu Hijo,

encomendaste al pueblo que anda en una vida nueva el cuidado y la solicitud por los enfermos; atiende nuestras súplicas: atiende nuestras súplicas:

que este lugar sea, por la gracia del Espíritu Santo, una casa de bendición y una escuela de caridad; que los médicos ejerzan sabiamente su profesión, que los que cuidan de los enfermos practiquen este servicio con solicitud, que los fieles vengan aquí

para visitar a Cristo en la persona de los hermanos, y, los enfermos, confortados por el amor de todos, recuperen pronto la salud y te den gracias por este gran beneficio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Después de la oración de bendición, el celebrante rocía con agua bendita a los presentes y la casa, mientras se interpreta un canto adecuado.

CONCLUSIóN DEL RITO

El celebrante concluye el rito, diciendo, con las manos extendidas sobre los presentes:

Dios, consuelo de los afligidos y fuerza de los débiles,

que os ha reunido para la inauguración y bendición de esta casa, destinada al cuidado de los enfermos, os fortalezca con su gracia, para que, prestando a los enfermos una asistencia llena de amor y solicitud, sirváis fielmente en ellos al mismo Cristo, el Señor. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. R. Amén.

Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.