Sacerdotes y consagrados


Bendicional

  Hijos

BENDICIÓN DE LOS HIJOS

LOS HIJOS

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

Reunida la familia, el que preside dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego, si el que preside es sacerdote o diácono, saluda a los presentes, diciendo:

La gracia de Dios Padre, que nos ha hecho sus hijos adoptivos, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

Si el que preside es laico, saluda a los presentes, diciendo: Hermanos, alabemos a Dios Padre, que nos ha hecho sus hijos adoptivos.

Todos responden:

A él la gloria por los siglos de los siglos.

O bien:

Amén.

El que preside dispone a los hijos y a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Con razón el salmo compara a los hijos con los renuevos de olivo alrededor de la mesa familiar; ellos, en efecto, no sólo son signo y anuncio de la bendición divina, sino que atestiguan la presencia eficaz del mismo Dios, el cual, como dador de la fecundidad en los hijos, multiplica el júbilo en la familia y aumenta su alegría.

No sólo se debe a los hijos el mayor respeto, sino que conviene que se les enseñe oportunamente el amor y el temor de Dios, para que, conscientes de sus obligaciones, vayan creciendo en sabiduría y en gracia, y, teniendo ya en cuenta y poniendo por obra todo lo que es verdadero, justo y santo, sean testigos de Cristo en el mundo y mensajeros de su Evangelio.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego uno de los presentes, o el mismo que preside, lee un texto de la sagrada Escritura:

Mt 19, 13-15: No impidáis a los niños acercarse a mí

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos les regañaban. Jesús dijo:

—«Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos.»

Les impuso las manos y se marchó de allí. Palabra del Señor.

O bien:

Tb 4, 5-7. 19: Hijo, recuerda estas normas

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro de Tobías.

Hijo, acuérdate del Señor toda tu vida. No consientas en pecado ni quebrantes sus mandamientos. Haz obras de caridad toda tu vida, y no vayas por caminos injustos, porque a los que obran bien les van bien los negocios. Da limosna de tus bienes, y no seas tacaño. Si ves un pobre, no vuelvas el rostro, y Dios no apartará su rostro de ti. Bendice al Señor Dios en todo momento, y pídele que allane tus caminos y que te dé éxito en tus empresas y proyectos. Porque no todas las naciones aciertan en sus proyectos; es el Señor quien, según su designio, da todos los bienes o humilla hasta lo profundo del abismo. Bien, hijo, recuerda estas normas; que no se te borren de la memoria. Palabra de Dios.

O bien:

Pr 4, 1-7: Escuchad, hijos, la corrección paterna

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro de los Proverbios.

Escuchad, hijos, la corrección paterna; atended, para aprender prudencia: os enseño una buena doctrina, no abandonéis mis instrucciones. Yo también fui hijo de mi padre, amado tiernamente por mi madre; él me instruía así: «Conserva mis palabras en tu corazón, guarda mis preceptos y vivirás; adquiere sensatez, adquiere inteligencia, no la olvides, no te apartes de mis consejos; no la abandones, y te guardará; ámala, y te protegerá; que tu primera adquisición sea la sensatez, con todos sus haberes compra prudencia.» Palabra de Dios.

Puede también leerse: Mt 18, 1-5. 10.

Según las circunstancias se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 127 (128), 1-2. 3.

4-6a (R.: 4; O bien: 1a)

R. Ésta es la bendición del que teme al Señor.

O bien:

R. Dichoso el que teme al Señor.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.

Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien; R.

tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa; R.

ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.

Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida; que veas a los hijos de tus hijos. R.

190. El que preside, según las circunstancias, exhorta brevemente a lo presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

Sigue la plegaria común. Entre las intercesiones que, aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias concretas del momento. Invoquemos a Dios todopoderoso, a quien Jesús, el Señor, nos enseñó a llamar Padre, y digámosle suplicantes: R. Padre santo, guarda a tus hijos.

Padre lleno de amor, que tanto amaste a los hombres que entregaste a tu Hijo único,

— protégenos y defiéndenos a nosotros, tus hijos, nacidos de nuevo por el bautismo. R.

Tú que te complaciste en tu Hijo amado,

— haz que cumplamos fielmente la misión encomendada a cada uno en el mundo y en la Iglesia. R.

Tú que confiaste tu Hijo a la custodia amorosa de María y José, durante su infancia,

— haz que los hijos crezcan en todo hacia Cristo. R.

Tú que tienes un amor especial a los desamparados,

— haz que todos los niños carentes de afecto familiar, con la ayuda de la comunidad cristiana, experimenten vivamente tu paternidad. R.

ORACIóN DE BENDICIóN

Los padres, según las circunstancias, haciendo la señal de la cruz en la frente de sus hijos, dicen la oración de bendición: Padre santo,

fuente inagotable de vida y autor de todo bien,

te bendecimos y te damos gracias,

porque has querido alegrar nuestra comunión de amor con el don de los hijos;

te pedimos que estos jóvenes miembros de la familia encuentren en la sociedad doméstica el camino por el que tiendan siempre hacia lo mejor y puedan llegar un día, con tu ayuda, a la meta que tienen señalada. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Los ministros, si no son los padres, dicen esta oración de bendición: Señor Jesucristo, tanto amaste a los niños

que dijiste que quienes los reciben te reciben a ti mismo; escucha nuestras súplicas en favor de estos niños

(este niño/esta niña)

y, ya que los (lo/la) enriqueciste con la gracia del bautismo, guárdalos (guárdalo/guárdala) con tu continua protección, para que, cuando lleguen a mayores (llegue a mayor), profesen (profese) libremente su fe, sean fervorosos (sea fervoroso/sea fervorosa) en la caridad

y perseveren (persevere) con firmeza en la esperanza de tu reino.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

CONCLUSIóN DEL RITO

Los padres concluyen el rito, santiguándose y diciendo: Jesús, el Señor, que amó a los niños, nos bendiga y nos guarde en su amor.

Esta fórmula la emplea también el ministro laico.

El ministro, si es sacerdote o diácono, concluye el rito, diciendo: Jesús, el Señor, que amó a los niños, os bendiga y os guarde en su amor.

Todos responden:

Amén.

FóRMULA BREVE

Si se estima oportuno, puede emplearse la fórmula breve de bendición: El Señor te (os) guarde y te (os) haga crecer en su amor, para que andes (andéis) como pide la vocación a la que has sido convocado (habéis sido convocados). R. Amén.