Sacerdotes y consagrados


Bendicional

  Familias

BENDICIÓN DE FAMILIAS


I. BENDICIÓN DE UNA FAMILIA


A. RITO DE LA BENDICIÓN


Con Misa

El rito que aquí se propone pueden utilizarlo tanto el sacerdote como el diácono, y también el laico, pero con los ritos y preces previstos para el laico.

Con el fin de acomodar la celebración a las circunstancias del lugar y de los miembros de la familia, pueden adaptarse algunos de los elementos de este rito, respetando siempre los principales.


RITOS INICIALES

Reunida la familia, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes, diciendo:

La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor,

estén con vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O bien:

Bendito seas por siempre, Señor.

O de otro modo adecuado.

Si el ministro es laico, saluda a los presentes, diciendo:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos nosotros.

Todos responden: Amén.

El ministro dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos: La familia, que por el sacramento del matrimonio recibe la gracia de Cristo y una vida nueva, tiene una especial importancia tanto para la Iglesia como para la sociedad civil, de las cuales es la célula primera y vital.

Con esta celebración, invocamos la bendición del Señor para que los miembros de la familia sean siempre entre sí cooperadores de la gracia, y difundan la fe en las diversas circunstancias de la vida.

Con la ayuda de Dios, cumpliréis vuestra misión, conformando toda vuestra vida según el Evangelio, para que podáis ser ante el mundo testigos de Cristo.


LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un texto de la sagrada Escritura seleccionado entre los que a continuación se proponen.

1 Co 12, 12-14: Somos un solo cuerpo

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Corintios.

Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Palabra de Dios.

O bien:

Ef 4, 1-6: Sobrellevaos mutuamente con amor

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Efesios.

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Palabra de Dios.

Pueden también leerse: Rm 12, 4-16; 1 Co 12, 31b-13, 7.

Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 127 (128), 1-2. 4-6a (R.: 1a)

R. Dichoso el que teme al Señor.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.

Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien. R.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.

Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida; que veas a los hijos de tus hijos. R.

El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes,explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el siginificado de la celebración.


PRECES

Sigue la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento o de la familia.

Invoquemos a Cristo, el Señor, Palabra eterna del Padre, que, mientras convivió con los hombres, quiso vivir en familia y colmarla de bendiciones, y pidámosle que proteja a esta familia, diciendo: R. Guarda en tu paz nuestra familia, Señor.

Tú que consagraste la vida doméstica, viviendo bajo la autoridad de

María y José,

— santifica esta familia con tu presencia. R.

Tú que estuviste siempre atento a las cosas de tu Padre,

— haz que Dios sea honrado y glorificado en todas las familias. R.

Tú que hiciste de tu santa familia un modelo admirable de oración, de amor y de cumplimiento de la voluntad del Padre,

— santifica esta familia con tu gracia y cólmala de tus dones. R.

Tú que amaste a tus parientes y fuiste amado por ellos, — afianza a todas las familias en el amor y la concordia. R.

Tú que en Caná de Galilea alegraste los comienzos de una familia, al hacer tu primer signo, convirtiendo el agua en vino,

— alivia los sufrimientos y preocupaciones de esta familia y conviértelos en alegría. R.

Tú que, velando por la unidad de la familia, dijiste: «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre»,

— guarda a estos esposos siempre unidos con el vínculo indestructible de tu amor. R.

Terminadas las preces, el ministro, según las circunstancias, invita a todos los presentes a cantar o rezar la oración del Señor, con las siguientes palabras u otras semejantes:

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Todos:

Padre nuestro ...


ORACIÓN DE BENDICIÓN

El ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas sobre los miembros de la familia, de lo contrario con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oh Dios, creador y misericordioso restaurador de tu pueblo, que quisiste que la familia, constituida por la alianza nupcial, fuera signo de Cristo y de la Iglesia, derrama la abundancia de tu bendición sobre esta familia, reunida en tu Nombre, para que quienes en ella viven unidos por el amor se mantengan fervientes en el espíritu y asiduos en la oración, se ayuden mutuamente, contribuyan a las necesidades de todos y den testimonio de la fe.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

O bien:

Te bendecimos, Señor, porque tu Hijo, al hacerse hombre, compartió la vida de familia y conoció sus preocupaciones y alegrías.

Te suplicamos ahora, Señor, en favor de esta familia: guárdala y protégela, para que, fortalecida con tu gracia, goce de prosperidad, viva en concordia y, como Iglesia doméstica, sea en el mundo testigo de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. R.Amén.

Según las circunstancias, el ministro rocía con agua bendita a la familia reunida, sin decir nada.


CONCLUSIÓN DEL RITO

El ministro concluye el rito diciendo:

Jesús, el Señor,

que vivió en el hogar de Nazaret, permanezca siempre con vuestra familia,

la guarde de todo mal y os conceda que tengáis un mismo pensar y un mismo sentir.

Todos responden:

Amén.

Es aconsejable terminar la celebración con un canto adecuado.


B. RITO DE LA BENDICIÓN UNIDA A LA CELEBRACIÓN DE LA MISA


El sacerdote, al preparar la Misa, respetando las normas establecidas, hará libre uso de la facultad de escoger las diversas partes de la Misa, atendiendo principalmente al bien espiritual de los miembros de la familia.

Cuando la bendición de la familia se hace dentro de la celebración de la Misa en casa de la misma familia, el rito debe ordenarse según los principios y normas de la Instrucción Actio pastoralis para los grupos pastorales[1], o tanbién, si se da el caso del “Directorio de Misas con niños”[2], empleando en este caso las moniciones adecuadas.

Después de la lectura del Evangelio, el celbrante, basándose en el texto sagrado, debe exponer en la homilía la gracia y obligaciones de la vida familiar en la Iglesia.

Sigue la oración de los fieles, en la forma acostumbrada; esta oración, el celebranyte la concluye con la fórmula de bendición, a no ser que parezca más oportuno emplear esta fórmula al final de la Misa, como una oración sobre el pueblo. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento o de la familia:

Invoquemos a Cristo, el Señor, Palabra eterna del Padre, que, mientras convivió con los hombres, quiso vivir en familia y colmarla de bendiciones, y pidámosle que proteja a esta familia, diciendo: R. Guarda en tu paz nuestra familia, Señor.

Tú que consagraste la vida doméstica, viviendo bajo la autoridad de

María y José,

— santifica esta familia con tu presencia. R.

Tú que estuviste siempre atento a las cosas de tu Padre,

— haz que Dios sea honrado y glorificado en todas las familias. R.

Tú que hiciste de tu santa familia un modelo admirable de oración, de amor y de cumplimiento de la voluntad del Padre,

— santifica esta familia con tu gracia y cólmala de tus dones. R.

Tú que amaste a tus parientes y fuiste amado por ellos,

— afianza a todas las familias en el amor y la concordia. R.

Tú que en Caná de Galilea alegraste los comienzos de una familia, al hacer tu primer signo, convirtiendo el agua en vino,

— alivia los sufrimientos y preocupaciones de esta familia y conviértelos en alegría. R.

Tú que, velando por la unidad de la familia, dijiste: «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre»,

— guarda a estos esposos siempre unidos con el vínculo indestructible de tu amor. R.

El celebrante, extendiendo las manos sobre los miembros de la familia, prosigue a continuación:

Oh Dios, creador y misericordioso restaurador de tu pueblo, que quisiste que la familia, constituida por la alianza nupcial, fuera signo de Cristo y de la Iglesia, derrama la abundancia de tu bendición sobre esta familia, reunida en tu Nombre, para que quienes en ella viven unidos por el amor se mantengan fervientes en el espíritu y asiduos en la oración, se ayuden mutuamente,

contribuyan a las necesidades de todos y den testimonio de la fe.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

O bien:

Te bendecimos, Señor, porque tu Hijo, al hacerse hombre, compartió la vida de familia y conoció sus preocupaciones y alegrías.

Te suplicamos ahora, Señor, en favor de esta familia:

guárdala y protégela,

para que, fortalecida con tu gracia, goce de prosperidad, viva en concordia y, como Iglesia doméstica, sea en el mundo testigo de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. R.Amén.

Si parece más oportuno, la oración de bendición puede decirse al final de la celebración de la misa, después de la invitación:

Inclinaos para recibir la bendición.

U otra semejante.

Después de la oración de bendición, el celebrante añadirá siempre:

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

Todos responden:

Amén.


II. BENDICIÓN ANUAL DE LAS FAMILIAS EN SUS PROPIAS CASAS

RITO DE LA BENDICIÓN


RITOS INICIALES

Reunida la familia, el celebrante saluda a los presentes, diciendo: La paz del Señor a esta casa y a todos los aquí presentes.

O bien:

La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, de Jesucristo, el Señor, estén con vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

El párroco, o su ayudante en el ministerio, dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

La visita del pastor tiene como finalidad principal que, en su persona, el mismo Cristo entre en vuestra casa y os traiga la paz y la alegría. Esto se realizará sobre todo por la lectura de la palabra de Dios y por la oración de la Iglesia.

Preparemos, pues, nuestro espíritu para que, en esta celebración, Cristo, el Señor, por su Espíritu Santo, se digne hablarnos y confortarnos.

En otras circunstancias la monición se habrá de adaptar oportunamente.


LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego uno de los presentes, o el mismo celebrante, lee un texto de la sagrada Escritura seleccionado principalmente entre los que a continuación se proponen.

Mt 7, 24-28: La casa edificada sobre roca

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, decía Jesús:

—«El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza.

Palabra del Señor.

Pueden también leerse: Ef 4, 1-6; Col 3, 12-25; Hch 2, 44-47; Lc 1 1 - 10; Jn 1, 35-39.

Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 148, 1-2. 3-4. 12-13 (R.: 13a)

R. Alaben el nombre del Señor. Alabad al Señor en el cielo, alabad al Señor en lo alto. Alabadlo, todos sus ángeles; alabadlo, todos sus ejércitos. R.

Alabadlo, sol y luna; alabadlo, estrellas lucientes. Alabadlo, espacios celestes y aguas que cuelgan en el cielo. R.

Los jóvenes y también las doncellas, los viejos junto con los niños, alaben el nombre del Señor, el único Nombre sublime.

Su majestad sobre el cielo y la tierra. R.

O bien:

Sal 99 (100), 2. 3. 4. 5

R. (3c) Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Sal 127 (128), 1-2. 3. 4-6a.

R. (4) Ésta es la bendición del que teme al Señor.

El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.


PRECES

Sigue la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, elcelebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento o de la familia.

En tiempo pascual

Queridos hermanos, llenos de la alegría exultante de la Pascua, movidos por el Espíritu Santo, invoquemos a Cristo, a quien el Padre ha constituido principio y fundamento de nuestra comunión, diciéndole con humildad:

R.Quédate con nosotros, Señor.

Señor Jesucristo, que después de tu resurrección te apareciste a los discípulos y los alegraste con el don de tu paz,

—haz que esta familia sienta tu presencia y se esfuerce por vivir siempre unida a ti en el gozo de tu paz. R.

Tú que llegaste a la gloria de la resurrección a través de la humillación de la cruz,

—enseña a los miembros de esta familia a encontrar motivo de unión en las mismas dificultades de cada día. R.

Tú que, sentado a la mesa con los discípulos, te diste a conocer en la fracción del pan,

—haz que esta familia, participando junta en la celebración de la Eucaristía, fortalezca su fe y dé testimonio de su piedad. R.

Tú que llenaste con la fuerza del Espíritu Santo la casa donde estaban reunidos los discípulos,

—envía el mismo Espíritu a esta família, para que goce de su paz y de su alegría. R.

O bien:

Fuera deltiempo pascual

Queridos hermanos, al implorar la bendición del Señor sobre vuestra familia, tengamos presente que la unión familiar sólo puede mantenerse y crecer cuando tiene por autor al mismo Señor. Invoquémoslo, pues, diciendo:

R. Santifícanos, Señor.

Señor Jesucristo, por quien todo edificio se va levantando, por la fuerza del Espíritu Santo, hasta formar un templo consagrado,

—haz que estos servidores tuyos se reúnan en tu Nombre y que su vida tenga en ti su sólido fundamento. R.

Tú que, viviendo con María y José, santificaste la vida familiar, —enseña a todos los que viven en esta casa a ayudarse mutuamente, para establecer y consolidar su vida de hogar. R.

Tú que, por los sacramentos de la iniciación cristiana, hiciste que los miembros de la familia humana entraran a formar parte de la familia espiritual,

—haz que estos servidores tuyos cumplan fielmente su misión en la Iglesia. R.

Tú que quisiste que la Iglesia naciente se reuniera en el cenáculo con María, tu Madre,

—haz que esta Iglesia doméstica aprenda de la Virgen María a guardar en su corazón tus palabras, a dedicarse a Ia oración y a compartir su vida y sus bienes con los demás. R.

Terminadas las preces, el celebrante, según las circunstancias, invita a todoslos presentes a cantar o rezar la oración del Señor, con las siguientes palabras u otras semejantes:

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Todos:

Padre nuestro...


ORACIÓN DE BENDICIÓN

El celebrante, con las manos extendidas sobre los miembros de la familia,añade a continuación:

En tiempo pascual

Bendito seas, Señor,

que en la Pascua del antiguo Testamento conservaste intactas las casas de tu pueblo escogido, rociadas con la sangre del cordero, y que, en los sacramentos de la nueva Alianza, nos diste a tu Hijo Jesucristo,

crucificado por nosotros y resucitado de entre los muertos, como verdadero Cordero pascual,

para proteger a tus fieles de los engaños del enemigo y llenarnos con la gracia del Espíritu Santo, derrama sobre esta casa y familia tu bendición , + para que el gozo de la caridad inunde los corazones de los que en ella viven. Por Jesucristo, nuestro Señor. R.Amén.

O bien:

Fuera deltiempo pascual

Dios eterno, que con tu amor de Padre

no dejas de atender a las necesidades de los hombres, derrama sobre esta familia la abundancia de tu bendición +

y santifica con tu gracia a los que viven en esta casa, para que, obrando según tus mandatos, y aprovechando el tiempo presente, lleguen un día a la morada tienen preparada en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

O bien:

Bendito seas, Dios, Padre nuestro, por esta casa, destinada por tu bondad a que viva en ella esta familia.

Haz que sus habitantes reciban los dones de tu Espíritu

Y que el don de tu bendición +

Se haga patente en ellos por su caridad efectiva, De manera que todos los que frecuenten esta casa encuentren siempre en ella aquel amor y aquella paz que sólo tú puedes dar.

Por Jesucristo, nuestro Señor. R.Amén.

Después de la oración de bendición, el celebrante rocía con agua bendita a lospresentes y la casa, diciendo, según las circunstancias: Que esta agua nos recuerde nuestro bautismo en Cristo, que nos redimió con su muerte y resurrección. R.Amén.


CONCLUSIÓN DEL RITO

El celebrante concluye el rito, diciendo:

Que Dios colme vuestra fe de alegría y de paz.

Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón. Que el Espíritu Santo derrame en vosotros sus dones.

Todos responden:

Amén.

Es aconsejable terminar la celebración con un canto adecuado.