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Sacerdotes y consagrados


Bendicional

  Comestibles y Bebidas

BENDICIÓN DE COMESTIBLES Y BEBIDAS

I. RITO DE LA BENDICIÓN FUERA DE LA MISA

RITOS INICIALES

Reunido el pueblo, se canta oportunamente un himno o una antífona adecuada. Terminado el canto, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo: Dios, que nos eligió para que fuésemos santos, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

El celebrante dispone a los presentes para la celebración de la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Dios, que en todas partes manifiesta su poder y su bondad, encomienda a su Iglesia la bendición de determinados elementos, por humildes que sean, para que todos los que los usen piadosamente (invocando el nombre de la santísima Virgen María o de los santos) se sientan atraídos hacia los bienes invisibles y bendigan a Dios, el único que hace maravillas, porque es también admirable en sus santos.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee el texto de la sagrada Escritura aquí propuesto, u otro tomado oportunamente del Leccionario. También puede emplearse algún texto seleccionado entre los que se proponen a continuación.

Mt 7, 7-11: Pedidyseosdará.

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

—«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden! »

Palabra del Señor.

Pueden también leerse:

A) Para la bendición del agua: Ex 17, 1-7; 2R. 2, 19-22.

B) Para la bendición del pan: 1R 19, 3b-8; Sb 16, 20-21. 24-26; Jn 6, 28-35.

C) Para otros comestibles: Gn 1, 27-31a; Gn 9, 1-3; Ex 12, 1-4. 6-8. 11; Lc 11, 9-13.

D) Para el aceite, el vino, la sal: Si 39, 25-3 1; Mt 5, 13-16; Mc 6, 7-13; Lc 10, 30-37; Jn 2, 1 -11.

E) Para las flores (por ejemplo, rosas, lirios ... ): Si 24, la. 13-22; 2Co 2, 14-17; Mt 6, 25-34.

F) Para la bendición de los cirios: Mt 4, 13-17; Lc 2, 27-33; Jn 1, 6-10; Ef 5, 8-10.

Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 103 (104), 10-12. 13-15.

16-18. 19-21. 22-23 (R.: 24)

R. Cuántas son tus obras, Señor.

De los manantiales sacas los ríos, para que fluyan entre los montes; en ellos beben las fieras de los campos, el asno salvaje apaga su sed; junto a ellos habitan las aves del cielo, y entre las frondas se oye su canto. R.

Desde tu morada riegas los montes, y la tierra se sacia de tu acción fecunda; haces brotar hierba para los ganados, y forraje para los que sirven al hombre.

Él saca pan de los campos, y vino que le alegra el corazón; y aceite que da brillo a su rostro, y alimento que le da fuerzas. R.

Se llenan de savia los árboles del Señor, los cedros del Líbano que él plantó:

allí anidan los pájaros, en su cima pone casa la cigüeña. Los riscos son para las cabras, las peñas son madriguera de erizos. R.

Hiciste la luna con sus fases, el sol conoce su ocaso.

Pones las tinieblas y viene la noche, y rondan las fieras de la selva; los cachorros rugen por la presa, reclamando a Dios su comida. R.

Cuando brilla el sol, se retiran, y se tumban en sus guaridas; el hombre sale a sus faenas, a su labranza hasta el atardecer. R.

O bien:

Sal 8, 2 y 4. 5-7a. 7b-9

R. (10) Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

Sal 22 (23), 1-3. 4. 5. 6

R. (5) Preparas una mesa ante mí, Señor.

Sal 146 (147), 7-8. 9-11. 12-13. 14-16

R. (1) Alabad al Señor, que la música es buena.

Después de las lecturas se hace la homilía, en la cual el celebrante explica las lecturas y el significado del rito.

PRECES

Antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común, convenientemente adaptada a la festividad o al tiempo litúrgico.

Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el celebrante dice la oración de bendición.

ORACIóN DE BENDICIóN

El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición: a) Para las bebidas y comestibles Bendito seas, Dios nuestro, que todo lo llenas con tu bendición; dígnate conceder a tus servidores

que, al servirse con gratitud de estos bienes creados por ti,

(en memoria y por intercesión de santa María Virgen / de san N.) (que celebramos en esta festividad)

reciban con abundancia el rocío celestial de tu gracia, para que busquen siempre las cosas celestiales y progresen continuamente en la caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

b) Para otras cosas Señor Dios,

que adornas a tu Iglesia con la rica variedad de las virtudes de los santos,

muéstrate benigno para con estos servidores tuyos, que desean usar piadosamente este signo (estos signos) de tu bondad

(en memoria y honor

de santa María Virgen / de san N.), para que, llenos de amor a tus mandamientos y auxiliados en las necesidades de la vida presente, alcancen finalmente el don de la vida inmortal. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

O bien:

c) Principalmente para varias cosas a la vez Dios todopoderoso,

fuente de gracia y corona de los santos, concédenos,

por la intercesión de la santísima Virgen María (de san N.),

que, al servirnos de estos bienes, que te presentamos para que tú los bendigas, nos esforcemos por imitar esto que gustosamente celebramos, y que podamos gozar en el cielo de la compañía de quienes son ahora nuestros intercesores en la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Las bebidas, comestibles u otras cosas, si existe la costumbre, p den rociarse con agua bendita.

CONCLUSIóN DEL RITO

El celebrante concluye el rito, con las manos extendidas solos fieles, diciendo:

El Señor tenga en cuenta vuestra devoción y os conceda su ayuda en cada momento de la vida. R. Amén.

Él os haga el don de una vida tranquila y os conceda la abundancia de sus bienes. R. Amén.

Que con su amor os guíe y proteja aquí en la tierra y os haga llegar felizmente a la gloria celestial. R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. R. Amén.

Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

II. RITO DE LA BENDICIÓN DENTRO DE LA MISA EN DÍA FESTIVO

Después de la lectura de la palabra de Dios se hace la homilía. En ella el sacerdote explica las lecturas bíblicas y el significado de la bendición en honor de la santísima Virgen María o de algún santo.

Sigue la oración de los fieles, en la forma acostumbrada en la celebración de la Misa; esta oración, el celebrante la concluye con la correspondiente oración de bendición, seleccionada entre las que se proponen más adelante. También puede hacerse la plegaria común en la forma que aquí se propone. El celebrante puede seleccionar las invocaciones que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias de los presentes o del momento.

Por intercesión de la santísima Virgen María (de san N.), alabemos a Dios, diciendo:

R. Eres glorioso en tus santos, Señor.

Padre clementísimo, que de modo admirable has revelado tu omnipotencia en la santísima Virgen María (en san N.),

— haz que nosotros, ayudados por la gracia bautismal, nos vayamos convirtiendo cada vez más en hombres nuevos. R.

Tú que, por tus santos servidores, nos concedes experimentar tu misericordia,

— haz que imitemos en nuestra vida lo que admiramos e la de ellos. R.

Tú que, a través de tus santos, muestras a los hombres la santidad de la Iglesia,

— haz que vivamos siempre dedicados a procurar tu gloria y la salvación de nuestros hermanos. R.

Tú que has querido que los santos fueran nuestros abogados, — haz que, liberados de los males presentes, gocemos con ellos de la herencia eterna. R.

Luego el celebrante prosigue: Dios todopoderoso,

fuente de gracia y corona de los santos, concédenos,

por la intercesión de la santísima Virgen María (san N.), que, al servirnos de estos bienes, que te presentamos para que tú los bendigas, nos esforcemos por imitar esto que gustosamente celebramos, y que podamos gozar en el cielo de la compañía de quienes son ahora nuestros intercesores en la tierra.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

También pueden utilizarse las oraciones indicadas anteriormente, núm. 1337.

Al final de la celebración de la Misa es conveniente emplear la bendición solemne de santa María Virgen:

El Dios, que en su providencia amorosa quiso salvar al género humano

por el fruto bendito del seno de la Virgen María, os colme de sus bendiciones. R. Amén.

Que os acompañe siempre la protección de la Virgen, por quien habéis recibido al Autor de la vida. R. Amén.

Y a todos vosotros, reunidos hoy para celebrar con devoción esta fiesta de María, el Señor os conceda la alegría del Espíritu y los bienes de su reino. R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. R. Amén.

O una de las oraciones sobre el pueblo para las fiestas de los santos: Señor, que se alegren tus fieles porque tú glorificas a los miembros del Cuerpo de tu Hijo;

y, pues devotamente celebran la memoria de los santos, concédeles participar de su suerte y gozar un día con ellos de tu gloria eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

O bien:

Vuelve, Señor, hacia ti el corazón de tu pueblo;

y tú que le concedes tan grandes intercesores no dejes de orientarle con tu continua protección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.