Sacerdotes y consagrados


Bendicional

  Campana

BENDICIÓN DE UNA CAMPANA

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

Reunida la comunidad, se entona oportunamente un canto adecuado, terminado el cual, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo,

el amor del Padre, que nos convoca a una misma Iglesia, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

Luego el celebrante exhorta brevemente a los fieles para disponer su espíritu a la celebración y explicar el significado del rito; puede hacerlo con estas palabras u otras semejantes:

Éste es para nosotros un día de gran alegría, porque esta iglesia desde hoy tiene una nueva campana, hecho que nos da la ocasión de bendecir a Dios con esta celebración. Las campanas están en cierto modo relacionadas con la vida del pueblo de Dios: su toque, en efecto, nos señala los momentos de la oración, reúne al pueblo para las celebraciones litúrgicas, advierte a los fieles cuando se produce algún suceso importante que es motivo de alegría o de tristeza para esta parte de la Iglesia (para esta población) o para cualquiera de los fieles. Asistamos, pues, con devoción a estos ritos, para que siempre que oigamos la voz de la campana nos acordemos de que formamos todos una misma familia, y, obedientes a su voz, nos reunamos todos, como signo visible de nuestra unidad en Cristo.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la sagrada Escritura, seleccionado entre los que a continuación se proponen:

Mc 16, 14-16. 20: IdalmundoenteroyproclamadelEvangelioatodalacreación

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Marcos.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo:

—«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.»

Ellos fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Palabra del Señor.

Pueden también leerse: Nm 10, 1-8. 10; 1Cro 15, 11-12. 25-28; 16, 1-2; Is 40, 1-5. 9-11; Hch 2, 36-39. 41-42; Mt 3, 1 -11; Mc 1, 1-8.

Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 28 (29),

1-2. 3 y 5. 7-9. 10-11 (R.: 4)

R. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica.

Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en él atrio sagrado. R.

La voz del Señor sobre las aguas, el Dios de la gloria ha tronado, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor descuaja los cedros, el Señor descuaja los cedros del Líbano. R.

La voz del Señor lanza llamas de fuego, la voz del Señor sacude el desierto, el Señor sacude el desierto de Cadés.

La voz del Señor retuerce los robles, el Señor descorteza las selvas.

En su templo un grito unánime: «¡Gloria!» R.

El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno. El Señor da fuerza a su pueblo, el Señor bendice a su pueblo con la paz. R.

O bien:

Sal 150, 1-2. 3-4. 5

R. (2b) Alabad al Señor por su inmensa grandeza.

El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban el significado de la celebración y la finalidad de la campana.

PRECES

Sigue, según las circunstancias, la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias de los presentes o del momento.

Unidos en una sola voz, presentemos nuestras peticiones a Dios Padre, que quiere hermanar en su Iglesia a todos los pueblos, y digámosle:

R. Reúne en tu Iglesia a todas las naciones.

Señor y Dios nuestro, que siempre nos llamas a la unidad, para que, animados por un mismo Espíritu, recorramos el único camino de salvación. R.

Señor y Dios nuestro, que quieres que nosotros, tu pueblo, seamos una señal cada vez más cierta de tu presencia entre los hombres. R.

Señor y Dios nuestro, que nos enseñas a participar de las penas y alegrías de los hermanos, para que nuestra caridad sea más verdadera. R.

Señor y Dios nuestro, que hoy llenas de alegría espiritual nuestra asamblea, para que enseñe a los hermanos el mensaje de la salvación. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición, el celebrante, con estas palabras u otras semejantes, invita a todos a orar, implorando la ayuda divina:

Con nuestra oración,

reforcemos ahora las alabanzas y peticiones dirigidas al Padre, que nos ha reunido en este lugar.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.

ORACIóN DE BENDICIóN

El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición:

Te bendecimos, Señor, Padre santo, porque enviaste tu Hijo al mundo, para que, con la efusión de su sangre, reuniera a los hombres, que el pecado había dispersado, y los juntara a todos en un solo redil, a fin de que él, como único pastor, los guiara e instruyera. Te pedimos ahora, Señor, que, al oír la invitación de la campana, tus fieles acudan a la iglesia con prontitud y alegría, y que, manteniéndose constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la concordia fraterna, en la fracción del pan y en la oración, tengan un mismo pensar y un mismo sentir, para alabanza de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

O bien:

Oh Dios, cuya voz, ya en los orígenes del mundo, resonó en los oídos del hombre, invitándolo a la participación de la vida divina, enseñándole cosas inefables y saludables; oh Dios, que ordenaste a Moisés, tu servidor, que empleara unas trompetas de plata para reunir al pueblo; oh Dios, que permites a tu Iglesia utilizar campanas de bronce, que inviten a tu pueblo a la oración, bendice + esta nueva campana y haz que todos tus hijos, al oír su voz,

eleven a ti sus corazones

y, compartiendo las alegrías y las penas de los hermanos,

vayan con prontitud a la iglesia, donde sientan a Cristo presente, escuchen tu palabra y te expongan tus deseos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Después de la oración de bendición, el celebrante, según las circunstancias, rocía la campana con agua bendita, pone incienso y la inciensa, mientras se canta la antífona:

R. Cantad al Señor y bendecid su Nombre. Aleluya.

Con el salmo 149, u otro canto adecuado.

Salmo 149, 1-5

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey. R.

Alabad su Nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes. R.

Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas. R.

CONCLUSIóN DEL RITO

El celebrante bendice al pueblo, con las manos extendidas sobre los fieles, diciendo:

Dios, que de muchas naciones congrega una sola Iglesia, os bendiga con su clemencia a los que habéis acudido con prontitud para la bendición de esta nueva campana.

R. Amén.

Él os conceda misericordioso que, al ser convocados en la iglesia por el solemne toque de esta campana, escuchéis atentamente su palabra.

R. Amén.

Y, así, superada toda división entre hermanos, y amándoos unos a otros con sinceridad, celebréis hermanados los sagrados misterios.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R. Amén.

Si se estima oportuno, el celebrante y los fieles hacen sonar la campana bendecida, en señal de alegría. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

Si la bendición de la campana se hace dentro de la Misa (cf. supra, núm.

1145), debe tenerse en cuenta lo siguiente:

— se dice la Misa del día;

— las lecturas, salvo en las solemnidades, fiestas y domingos, pueden tomarse de la Misa del día o de las que se proponen en los núms. 1150-1153;

— la bendición de la campana se hace después de la homilía, siguiendo el rito descrito en los núms.1155-1158.