Cargando

Sacerdotes y consagrados


Bendicional

  Baptisterio

BENDICIÓN DE BAPTISTERIO O NUEVA PILA BAUTISMAL

RITO DE LA BENDICIÓN

I. Bendición de una pila bautismal, unida a la celebración del bautismo

RITOS INICIALES

Reunido el pueblo, el celebrante y los presbíteros, los diáconos y los ministros, revestidos todos con sus propias vestiduras, se dirigen desde la sacristía al baptisterio, a través de la nave de la iglesia. Precede el turiferario con el incensario humeando; sigue un acólito con el cirio pascual, y los demás. Es conveniente que los que van a ser bautizados tomen parte, con sus padrinos, en la procesión; de lo contrario, se reúnen en un lugar adecuado del baptisterio.

Mientras avanza la procesión, se cantan las letanías de los santos.

Cuando la procesión ha llegado al baptisterio, todos se colocan en los lugares que tienen asignados. El cirio pascual se coloca en el candelero preparado en el centro del baptisterio o junto a la pila bautismal. Terminado el canto de las letanías, el celebrante saluda al pueblo, diciendo:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre

y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

Luego el celebrante dispone oportunamente a los fieles para la celebración, con estas palabras u otras semejantes:

Nos hemos reunido aquí, queridos hermanos, para una gozosa celebración. Hoy inauguramos una nueva fuente del bautismo, y administraremos a estos elegidos el sacramento del nuevo nacimiento, para que, por la misericordia de Dios que han alcanzado, entren en la Iglesia, pueblo adquirido por Dios, se unan a Cristo, el primogénito de muchos hermanos, y, habiendo recibido el Espíritu de adopción, con su nuevo título de hijos puedan invocar a Dios como Padre.

Terminada la monición, el celebrante, con las manos juntas, dice:

Oremos.

Y todos oran un rato en silencio. Luego el celebrante, con las manos extendidas, dice:

Oh Dios, que en el sacramento del nuevo nacimiento multiplicas sin cesar el número de tus hijos, concédenos, te pedimos,

que todos los que renazcan de esta fuente de salvación con su manera de vivir glorifiquen tu Nombre y aumenten la santidad de la madre Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos:

Amén.

ADMISIÓN DE LOS QUE VAN A SER BAUTIZADOS

Terminada la oración, se hace el rito de admisión de los que van a ser bautizados. Según sea la condición de los elegidos, se empleará, con las debidas adaptaciones, el rito que se halla en el Ritual del Bautismo de niños (núms. 109-114), o el rito que se describe en el Ritual de la Iniciación cristiana de adultos (núms. 246-251), a no ser que este rito ya se haya realizado en el segundo grado de la iniciación cristiana de adultos (núms. 140-151).

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Se procede en todo como en el Ritual de la Iniciación cristiana de adultos (núms. 252-253) y en el Ritual del Bautismo de niños (núms. 116, 142), empleando las lecturas más adecuadas del Leccionario[20].

Después de la lectura de la palabra de Dios, el celebrante explica en la homilía las lecturas bíblicas, con el fin de que los presentes adquieran un conocimiento más claro de la trascendencia del bautismo y de la significación de la pila bautismal.

Los ritos prebautismales se celebran como en el Ritual de la Iniciación cristiana de adultos (núms. 255-256) y en el Ritual del Bautismo de niños (núms. 119-120).

BENDICIÓN DE LA NUEVA PILA BAUTISMAL

Los que van a ser bautizados se colocan alrededor de la nueva fuente bautismal: los niños en brazos de sus madres, los adultos de pie con sus padrinos. Luego el celebrante invita a los fieles a la oración, con estas palabras u otras semejantes:

Ha llegado el momento, queridos hermanos, de consagrar con la oración de la Iglesia esta pila bautismal, para que el Espíritu Santo comunique a sus aguas el poder de santificar. Pero antes roguemos a Dios Padre por estos servidores suyos N. y N., que piden ser bautizados: que él, que los ha llamado y los ha hecho llegar a este momento, en que nacerán de nuevo, les dé luz y fuerza, para que, unidos firmemente a Cristo, lleguen a la plenitud de la vida.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el celebrante, vuelto hacia la pila bautismal, llena de agua, con las manos extendidas, dice: Oh Dios, creador del mundo y Padre de todos, es justo que te manifestemos nuestra alabanza y gratitud, porque nos concedes inaugurar solemnemente esta fuente de salvación de tu Iglesia. Aquí, a los hombres,

a quienes se les habían cerrado las puertas del paraíso, se les abren las puertas de la Iglesia, y entran a la vida espiritual;

aquí hallan el baño saludable y purificador que los limpia de la antigua mancha del pecado. El torrente de estas aguas elimina toda culpa, para que nazcan nuevas virtudes;

aquí mana aquella fuente que brota del costado de Cristo, cuyas aguas proporcionan vida eterna a los que de ella beben.

Desde aquí se difunde la luz santa de la fe, que disipa las tinieblas de nuestra mente y nos hace entrever los bienes celestiales; aquí los creyentes, al sumergirse en este baño, se asocian a la muerte de Cristo, para resucitar con él a una vida nueva. Te pedimos, Señor, que envíes sobre esta agua la brisa fecunda de tu Espíritu:

aquel mismo poder que cubrió a la Virgen con su sombra para que diera a luz a su hijo primogénito fecunde el seno de su esposa, la Iglesia, a fin de que engendre para ti, Padre, multitud de hijos, destinados a ser un día ciudadanos del cielo. Concédenos, Señor,

que todos los que renazcan de esta fuente vivan con fidelidad su compromiso cristiano, y que brille en su conducta la vida nueva que de ti han recibido.

Que quienes son distintos por raza o por condición salgan igualados de este baño vital y unificador, manifiesten, por su amor, que son verdaderos hermanos y muestren, por su concordia, que son auténticos conciudadanos. Como buenos hijos,

sean reflejo de la bondad del Padre; como verdaderos discípulos, cumplan las enseñanzas del Maestro; como templos del Espíritu Santo, sean un eco de su voz. Que sean testigos del Evangelio y practiquen la justicia; que llenen del espíritu de Cristo la ciudad terrena de la que son miembros, hasta que llegue el día en que sean recibidos como ciudadanos en la Jerusalén celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos:

Amén.

Pone incienso e inciensa la pila bautismal.

Bendecida la fuente bautismal, prosigue la celebración del bautismo, tal como se indica en el Ritual del Bautismo de niños (núms. 124-132), o en el Ritual de la Iniciación cristiana de adultos (núms. 217-234 o 259-273), según sea la condición de los que van a ser bautizados.

CONCLUSIóN DEL RITO

Si se trata de bautismo de niños, el rito concluye tal como se indica en el Ritual del Bautismo de niños (núms. 133-135), o bien de la manera que aquí se propone.

El celebrante bendice a las madres, con sus hijos en brazos, a los padres, al pueblo, diciendo:

Dios, creador de todo lo que existe, que hace a los hombres partícipes del misterio de su paternidad, haga también que estos padres sean testigos y mensajeros del Evangelio.

Todos:

Amén.

Cristo, el Hijo de Dios,

que se dignó hacerse hijo de la Virgen María, haga sentir a estas madres la alegría de ver a sus hijos nacidos de nuevo para la vida eterna.

Todos:

Amén.

El Espíritu Santo Defensor, que ha santificado a estos bautizados habite siempre en sus corazones.

Todos:

Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

Todos:

Amén.

Después de la bendición, es conveniente entonar algún canto que exprese el gozo pascual y la acción de gracias, o el Magníficat.

Finalmente el diácono despide al pueblo en la forma acostumbrada.

Según la antiquísima tradición de la Iglesia, en la iniciación cristiana de adultos, después de la administración del bautismo se administra el sacramento de la confirmación, y los neófitos participan por primera vez en la Eucaristía. Según esto, después del bautismo se procede en todo tal como se indica en el Ritual de la Iniciación cristiana de adultos (núms. 227-234 o 266-273).

II. Bendición de una nueva pila bautismal, sin celebración del bautismo

RITOS INICIALES

Reunido el pueblo, el celebrante y los ministros, según se ha dicho anteriormente en el núm. 945, se dirigen desde la sacristía al baptisterio, a través de la nave de la iglesia.

Mientras, se canta la antífona:

R. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

O bien:

R. En ti, Señor, está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz.

Con el salmo 35 (36), u otro canto adecuado.

Salmo 35 (36), 6-11

Señor, tu misericordia llega al cielo, tu fidelidad hasta las nubes; tu justicia hasta las altas cordilleras, tus sentencias son como el océano inmenso. R.

Tú socorres a hombres y animales;

¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!, los humanos se acogen a la sombra de tus alas. R.

Se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias,. porque en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz. R.

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, tu justicia con los rectos de corazón. R.

Cuando la procesión ha llegado al baptisterio, todos ocupan los lugares previamente asignados. El cirio pascual se coloca en el candelero preparado junto a la fuente bautismal. Terminado el canto, el celebrante saluda al pueblo, diciendo:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre

y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

Luego el celebrante dispone a los fieles a la celebración, con estas palabras u otras semejantes:

Nos hemos reunido aquí, queridos hermanos, para una gozosa celebración. Hoy inauguramos una nueva fuente del bautismo, para que todos los que en ella renazcan, por la misericordia de Dios que han alcanzado, entren en la Iglesia, pueblo adquirido por Dios, se unan a Cristo, el primogénito de muchos hermanos, y, habiendo recibido el Espíritu de adopción, con su nuevo título de hijos puedan invocar a Dios como Padre.

Terminada la monición, el celebrante, con las manos juntas, dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el celebrante, con las manos extendidas, dice: Oh Dios,

que en el sacramento del nuevo nacimiento multiplicas sin cesar el número de tus hijos, concédenos, te pedimos, que todos los que renazcan

de esta fuente de salvación con su manera de vivir glorifiquen tu Nombre y aumenten la santidad de la madre Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos:

Amén.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Concluido lo que antecede, el celebrante se sienta. A continuación se lee uno o varios textos de la sagrada Escritura, de los que se hallan en el Leccionario para la Iniciación cristiana de adultos fuera de la Vigilia pascual[21] y en la administración del Bautismo de niños[22], intercalando los convenientes salmos responsoriales o bien espacios de silencio sagrado. La lectura del Evangelio ha de ser siempre el acto más destacado.

Después de la lectura de la palabra de Dios, se hace la homilía. En ella el celebrante explica las lecturas bíblicas, con el fin de que lo presentes adquieran un conocimiento más claro de la trascendencia de bautismo y de la significación de la pila bautismal.

BENDICIÓN DE LA NUEVA PILA BAUTISMAL

Luego el celebrante invita a los fieles a la oración, con estas palabras u otras semejantes:

Ha llegado el momento, queridos hermanos, de consagrar con la oración de la Iglesia esta pila bautismal, para que el Espíritu Santo comunique a sus aguas el poder de santificar Invoquemos a Dios Padre, suplicándole que defienda la fe y promueva la concordia en nuestra comunidad; la fuente del bautismo, en efecto, comienza de verdad a manar cuando los oídos del hombre se abren a la palabra de Dios; nuestras mentes se iluminan con la luz de Cristo cuando rechazan las tinieblas del pecado; nuestros corazones se unen decididamente al Señor cuando renuncian con firmeza al maligno y a sus obras.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el celebrante vuelto hacia la pila bautismal, llena de agua, con las manos extendidas dice:

Oh Dios, creador del mundo y Padre de todos, es justo que te manifestemos nuestra alabanza y gratitud, porque nos concedes inaugurar solemnemente esta fuente de salvación de tu Iglesia. Aquí, a los hombres,

a quienes se les habían cerrado las puertas del paraíso, se les abren las puertas de la Iglesia, y entran a la vida espiritual; aquí hallan el baño saludable y purificador que los limpia de la antigua mancha del pecado. El torrente de estas aguas elimina toda culpa, para que nazcan nuevas virtudes;

aquí mana aquella fuente que brota del costado de Cristo, cuyas aguas proporcionan vida eterna a los que de ella beben. Desde aquí se difunde la luz santa de la fe, que disipa las tinieblas de nuestra mente y nos hace entrever los bienes celestiales; aquí los creyentes, al sumergirse en este baño, se asocian a la muerte de Cristo, para resucitar con él a una vida nueva. Te pedimos, Señor, que envíes sobre esta agua la brisa fecunda de tu Espíritu:

aquel mismo poder que cubrió a la Virgen con su sombra para que diera a luz a su hijo primogénito fecunde el seno de su esposa, la Iglesia, a fin de que engendre para ti, Padre, multitud de hijos, destinados a ser un día ciudadanos del cielo. Concédenos, Señor,

que todos los que renazcan de esta fuente vivan con fidelidad su compromiso cristiano, y que brille en su conducta la vida nueva que de ti han recibido.

Que quienes son distintos por raza o por condición salgan igualados de este baño vital y unificador, manifiesten, por su amor, que son verdaderos hermanos y muestren, por su concordia, que son auténticos conciudadanos.

Como buenos hijos, sean reflejo de la bondad del Padre; como verdaderos discípulos, cumplan las enseñanzas del Maestro; como templos del Espíritu Santo, sean un eco de su voz.

Que sean testigos del Evangelio y practiquen la justicia; que llenen del espíritu de Cristo la ciudad terrena de la que son miembros, hasta que llegue el día en que sean recibidos como ciudadanos en la Jerusalén celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos:

Amén.

Terminada la invocación sobre la pila bautismal, puede entonarse un canto bautismal, por ejemplo, la antífona:

La voz del Señor sobre las aguas, el Dios de la gloria ha tronado, el Señor sobre las aguas torrenciales.

O bien:

Sobre las aguas clama la voz del Padre, brilla la gloria del Hijo y da vida el amor del Espíritu Santo.

O bien:

Esta es la fuente de vida, que ha lavado al mundo entero; brotó de la herida de Cristo.

El celebrante pone incienso en el turíbulo e inciensa la pila bautismal.

Terminado el canto, según las circunstancias, todos renuevan las promesas de su fe bautismal.

El celebrante se dirige a los presentes con estas palabras u otras semejantes:

Ahora, hermanos, recordad la fe que profesasteis en el momento de vuestra iniciación cristiana, para que, llevados por la gracia del Espíritu Santo, podáis consolidarla cada día más y más.

Luego el celebrante interroga a los presentes, diciendo:

¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

Todos:

Sí, creo.

Celebrante:

¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

Todos:

Sí, creo.

Celebrante:

¿Creéis en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

Todos:

Sí, creo.

El celebrante asiente a esta profesión, proclamando la fe de la Iglesia: Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Y la asamblea de los fieles responde:

Amén.

La fórmula Esta es nuestra fe puede substituirse por otra, según las circunstancias, o también por un canto adecuado, con el que la comunidad pueda expresar en forma unánime su fe.

Luego el celebrante toma el aspersorio y rocía al pueblo fiel con agua sacada de la pila recién bendecida, mientras la asamblea canta una antífona, por ejemplo:

Vi que manaba agua (cf. Ez 47,

1-2) del lado derecho del templo. Aleluya.

Y habrá vida donde quiera que llegue la corriente y cantarán: Aleluya, aleluya.

O bien:

«Derramaré sobre vosotros un agua pura (Ez 36, 25-26 ) que os purificará de todas vuestras inmundicias y os daré un corazón nuevo», dice el Señor.

CONCLUSIóN DEL RITO

Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Invoquemos a Dios, Padre todopoderoso, que por el misterio pascual nos ha hecho nacer del agua y del Espíritu Santo a la vida nueva de hijos suyos; digámosle:

R. Renueva en nosotros, Señor, las maravillas de tu poder.

Padre misericordioso, que creaste al hombre a tu imagen y lo santificaste por el bautismo,

— haz que siempre y en todo lugar recordemos este don tuyo y la dignidad que él nos confiere. R.

Tú que quisiste que del costado de Cristo crucificado brotara el agua del

Espíritu Santo,

— haz que bebamos de esta fuente de vida, para que se convierta dentro de nosotros en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. R.

Tú que en el baño del nuevo nacimiento has hecho de nosotros una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada,

— haz que, como exige nuestra condición de cristianos, proclamemos tus hazañas ante los hombres. R.

Tú que por medio del bautismo haces crecer a tu Iglesia, dándole siempre nuevos hijos,

— concede a cuantos han renacido en la fuente bautismal vivir siempre de acuerdo con la fe que profesaron. R.

Tú que nos has concedido, por tu bondad, levantar esta fuente bautismal,

— haz que sea para los catecúmenos el baño de vida y para todos nosotros un estímulo para renovar nuestra vida. R.

Luego el celebrante introduce la oración del Señor, con estas palabras u otras adecuadas:

Recordando nuestro bautismo,

en el que hemos recibido un espíritu de hijos adoptivos, y fieles a la recomendación del Salvador, invoquemos al Padre celestial, diciendo:

Todos:

Padre nuestro...

El celebrante prosigue a continuación:

Oh Dios, que en el sacramento del bautismo comunicaste al agua un poder de muerte y vida, haz que, liberados de todos sus pecados,

los que han sido sepultados con Cristo en esta fuente bautismal resuciten con Cristo, revestidos con la blanca vestidura de la inmortalidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos:

Amén.

Después de la bendición, es conveniente cantar algún canto que exprese el gozo pascual y la acción de gracias, o el Magníficat.

Finalmente el diácono despide al pueblo en la forma acostumbrada.