Sacerdotes y consagrados


Bendicional

  Acción de gracias

BENDICIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS POR LOS BENEFICIOS RECIBIDOS

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

Reunida la comunidad, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes, diciendo:

Dios, rico en misericordia, que hace maravillas para con su pueblo, esté siempre con vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

Si el ministro es laico, saluda a los presentes, diciendo:

Hermanos, bendecid a Dios, que es rico en misericordia y hace maravillas para su pueblo.

Todos responden:

Amén.

El ministro dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Abramos nuestro corazón a Dios en la acción de gracias por todos los dones con que nos ha colmado. El apóstol Pablo nos enseña que en toda ocasión hemos de dar gracias a Dios Padre, por medio de Cristo, con el cual nos lo ha dado todo. Por haber sido hechos hijos de Dios, el tesoro de su gracia ha sido un derroche para con nosotros, a los que nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido. Reconociendo, por tanto, los beneficios de Dios, nos preparamos para participar de un modo más pleno en la Eucaristía, en la que se incluyen todos los bienes, y en la que toda acción de gracias halla su más perfecta expresión y realización.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego el lector, uno de los presentes o el mismo ministro, lee un texto de la sagrada Escritura.

Flp 4, 4-7: Conaccióndegracias, vuestraspeticionesseanpresentadas aDios

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobre pasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

Pueden también leerse: 1Co 1, 4-9; Col 3, 15-17; 1Ts 5, 12-14; 1Tm 2, 1-10; Lc 17, 11-19.

Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 65 (66), lb-2. 8-9. 10-11.

13-14. 16-17. 19-20 (R.: 16)

R. Venid a escuchar, os contaré lo que Dios ha hecho conmigo.

Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. R.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, haced resonar sus alabanzas, porque él nos ha devuelto la vida y no dejó que tropezaran nuestros pies. R.

Oh Dios, nos pusiste a prueba, nos refinaste como refinan la plata; nos empujaste a la trampa, nos echaste a cuestas un fardo. R.

Entraré en tu casa con víctimas, para cumplirte mis votos:

los que pronunciaron mis labios y prometió mi boca en el peligro. R.

Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo:

a él gritó mi boca y lo ensalzó mi lengua. R.

Pero Dios me escuchó, y atendió a mi voz suplicante.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor. R.

O bien:

Sal 46 (47), 2-3. 5-6. 7-8. 9-10

R. (2b) Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

Sal 117 (118), 1-2. 5-6. 8-9. 17-19. 26-27. 28-29.

R. (1) Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la el significado de la celebración.

PRECES

Si se estima oportuno, sigue la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Demos gracias y alabemos a Dios, Padre todopoderoso, cuya gloria el cielo proclama y cuya bondad ensalzan todas sus criaturas, y, llenos de reconocimiento por los dones recibidos, digamos:

R. Gloria a ti, Señor, por todos tus beneficios.

Padre bondadoso, que en Cristo, tu Hijo, nos lo has dado todo, — haz que nunca dejemos de alabarte. R.

Tú que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de los que te suplican,

— concédenos cantar siempre con el corazón y con la boca tus maravillas. R.

Tú que preparas y dispones generosamente en favor nuestro signos incontables de tu amor,

— haz que en la recepción de tus dones sepamos descubrirte a ti, que eres su fuente. R.

Tú que enseñaste a tus discípulos a compartir sus bienes con los demás,

— haz que nuestros hermanos se beneficien también de tus dones, para que puedan participar de nuestra alegría. R.

En lugar de la plegaria común, se puede cantar el himno Te Deum laudamus (A ti, oh Dios, te alabamos), o el cántico «Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor», o el cántico Magníficat (Proclama mi alma la grandeza del Señor), o un salmo.

ORACIóN DE BENDICIóN

El ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición: Padre todopoderoso,

magnánimo dispensador de todos los bienes, te damos gracias por los beneficios que nos has otorgado, y te pedimos humildemente que, habiendo sido preservados por ti, nos escondas y protejas siempre a la sombra de tus alas.

Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

O bien:

Oh Dios, cuya misericordia no tiene límites y cuya bondad es un tesoro inagotable,

te damos gracias por los beneficios que nos has concedido, implorando de tu bondad

que no abandones a quienes has escuchado y que nos dispongas para los bienes futuros. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

CONCLUSIóN DEL RITO

El ministro, si es sacerdote o diácono, concluye el rito, diciendo: Dios Padre, con el Hijo y el Espíritu Santo, que ha actuado con vosotros según la grandeza de su misericordia, os proteja siempre con su bendición.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. R. Amén.

Si el ministro es laico, concluye el rito santiguándose y diciendo: Dios Padre, con el Hijo y el Espíritu Santo, que ha actuado con nosotros según la grandeza de su misericordia, sea bendito ahora y por siempre. R.Amén.

Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.