Oraciones

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    Santa Cecilia

SANTA CECILIA
Siglo III
1. ORACIONES



A SANTA CECILIA

"Se abrió su boca para dar lecciones de sabiduría y está en sus labios la ley de bondad. Se levantó su esposo y la colmó de alabanzas. "

¿A quién más seguramente que a ti, amable Cecilia, se aplicaron estas palabras?… el candor y la sabiduría de tus palabras en un instante transformaron a tu esposo; apenas respiró el suave perfume de tu inocencia, lo ganaste a la fe de Jesucristo y llegó a ser mártir. Hoy es más grande aún tu poder. Ruega pues, a Dios para que imitando tus virtudes, logremos también la ventura de los escogidos. Amén.



ORACIÓN A SANTA CECILIA,
VIRGEN Y MÁRTIR

Gloriosa Virgen y mártir Santa Cecilia, modelo de esposa fidelísima de Jesús, vedme aquí postrado humildemente ante vuestras plantas. Soy un pobre pecador que vengo a implorar vuestra poderosa intercesión ante Jesús a quién tanto amasteis, suplicándote que me consigas un verdadero arrepentimiento de mis pecados, un propósito eficaz de enmienda y una heroica fortaleza para confesar y defender la fe que he profesado.

Alcánzame la gracia de vivir y morir en esta santa fe, como también las gracias especiales que necesito para vivir santamente en mi estado. Escucha y alcanzame mis súplicas , oh virgen poderosísima, para que merezca gozar un día de la eterna bienaventuranza. Así sea.



ORACIÓN

Señor y Dios nuestro, tu escogiste para ti desde sus más tiernos años a Santa Cecilia. Ella amó a Dios, a su familia, a sus semejantes, hasta entregar todos sus bienes a los pobres. Desde su imagen nos señala una ruta. Es un faro luminoso en los acantilados del mundo. Se nos muestra joven, hermosa, rica y sana. Exhibe valentía, carácter, robustez del alma… hasta entregar su vida. Queremos aprender de ella esa fe y esa valentía para vivir nuestro cristianismo sin claudicar. Lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.





SANTA CECILIA
Siglo III
2. ORACIONES ANTIGUAS



[Escultura de santa Cecilia de Stefano Maderno. 1600.]

La escultura muestra la postura del cuerpo incorrupto de la santa tal y como Stefano Maderno, el escultor de la misma, pudo verla en 1599 cuando su tumba fue abierta. La posición del cuerpo es la de la reliquia y se cree que es la misma posición en que murió la santa tras ser herida mortalmente en el cuello en un intento por decapitarla. La estatua se encuentra en la Iglesia de Santa Cecilia en Trastevere, Roma.

 

 

A SANTA CECILIA,
VIRGEN Y MÁRTIR I
(de la Iglesia de Constantinopla)

¡Oh Cecilia, digna de toda alabanza! Supiste conservar tu cuerpo sin mancha, y librar tu corazón de todo amor sensual. Te presentaste a tu Creador como esposa inmaculada, cuya felicidad fue ennoblecida por el martirio. El te admitió a los honores de esposa como a Virgen sin mancilla.

¡Oh Virgen Sagrada! El Señor, en los consejos de su sabiduría, quiso coronar tu frente de perfumadas y suaves rosas. Tú fuiste el lazo de unión de los dos hermanos, para reunirlos en una misma felicidad, y tu oración les ayudó. Ellos, abandonando el culto impuro del error, se mostraron dignos de recibir la misericordia de aquel que nació de la Virgen, y quiso esparcirse entre nosotros como divino perfume.

Despreciaste las riquezas de la tierra, deseando ardientemente poseer el tesoro del cielo; desdeñando los amores de acá abajo escogiste tu asiento entre los coros de las Vírgenes, y tu sabiduría te condujo al celestial Esposo. ¡Oh honra de los atletas de Cristo! Combatiste con valor, y rechazaste por tu varonil denuedo los asaltos del perverso enemigo.

¡Oh gloriosa Cecilia, augusta mártir! Tu eres templo castísimo de Cristo, morada celestial, casa purísima. Dignate difundir el esplendor de tu intercesión sobre nosotros, que celebramos tus alabanzas.

Enamorada de la hermosura de Jesucristo fortificada con su amor, suspirando por sus delicias, pareciste muerta al mundo y a cuanto en el mundo hay, y fuiste hallada digna de la eterna vida.

¡Oh mártir digna de toda recompensa! El amor inmaterial te hizo desdeñar el amor de los sentidos. Tus palabras vivificantes y llenas de sabiduría determinaron a tu Esposo a quedar virgen contigo: ahora te ves asociada con él al coro de los Ángeles.

Un ángel refulgente, encargado de guardarte, te asistía de continuo, rodeándote de divino resplandor; su brazo alejaba al enemigo que te quería hacer daño; te conservó casta y pura, siempre agradable a Cristo por la fe y por la gracia.

¡Oh Cecilia! El deseo de poseer a Dios, el amor que nace de lo más íntimo del alma, el ardor divino, te inflamaron haciendo de ti un ángel en cuerpo humano.

¡Oh Cecilia, llena de Dios! Eres fuente sellada, jardín cerrado, hermosura reservada, esposa gloriosa que brilla bajo la diadema, paraíso florido y divino del Rey de los ejércitos.



 

 

A SANTA CECILIA,
VIRGEN Y MÁRTIR II

Leías el Evangelio, ¡oh Cecilia castísima! y obrabas lo que leías; orabas y traías a raíz de tus carnes un áspero cilicio para consagrar tu virginidad, y ofrecer tu alma en sacrificio al Señor. Convertiste a tu esposo Valeriano, y de león bravo le hiciste cordero manso, y le enseñaste a ser mártir; y por tus palabras y ejemplos otros muchos derramaron su sangre por Cristo. El baño encendido te sirvió de refrigerio, e hiriéndote tres veces el verdugo no pudo cortar tu sagrada cabeza, hasta que al cabo de tres días, estando en oración, voló tu bendita alma resplandeciente a tu dulcísimo esposo, y tu casa se consagró en iglesia, y todo el pueblo recibió por tu intercesión innumerables beneficios, y cada día los recibe de la poderosa mano del Señor. Suplícale ¡oh Virgen purísima! que se apiade de su Iglesia, y nos conceda la perfecta mortificación de nuestras pasiones, y obrar lo que creemos, y traer con nuestro ejemplo a otros al conocimiento y amor de Dios, y dar esta vida temporal por él para gozar en la eterna contigo de tu bienaventuranza, al cual sea gloria, honra y alabanza en los siglos de los siglos. Amén.