Nuestra Señora de Aguas Santas

8 de Septiembre

Información

Otra denominación: Virgen de Aguas Santas

Festividad: 8 de Septiembre

Templo: Parroquia de la Purísima Concepción

Patrona de: Villaverde del Río

País: España

Provincia: Sevilla

Ciudad: Villaverde del Río

Historia

La imagen

La imagen de la «Virgen de Aguas Santas», aparecida milagrosamente en el término municipal de Villaverde del Río (Sevilla), de donde es patrona desde tiempo inmemorial y titular de su muy antigua Hermandad, fue nombrada Alcaldesa Perpetua por el Ayuntamiento de la villa en 1960 y coronada canónicamente por Bula Pontificia en 1979.

«Nuestra Señora Santa María de Aguas-Santas Coronada» es de las primeras advocaciones marianas del antiguo Reino de Sevilla y la más preciada imagen de los conventos de la desaparecida provincia franciscana de Nuestra Señora de los Ángeles, de la que era, además, cotitular.

Actualmente, la imagen de Nuestra Señora de Aguas Santas posee capilla propia en la Iglesia parroquial de la Purísima Concepción, donde es venerada por todos los villaverderos, y de donde sale en procesión cada 8 de septiembre en su Paso-Custodia para recorrer las calles del pueblo parándose en todas y cada una de las casas de su itinerario, para volver a la parroquia despuntando el alba.

Su Hermandad también celebra una romería en su honor el cuarto domingo de mayo, trasladando el Simpecado del siglo XVI en carreta de plata hasta la Ermita del Convento, lugar donde según la tradición se apareció la imagen de Nuestra Señora. Esta fiesta es conocida popularmente como la «Misa del Convento», y se trata de una de las romerías más antiguas de Andalucía.

A lo largo de la historia, la imagen de Nuestra Señora de Aguas-Santas ha sido venerada tanto por personas anónimas como por personajes ilustres como obispos y reyes. Entre sus fieles destacan San Isidro, quien mandó construir su ermita; Los reyes San Fernando y Alfondo X el Sabio; el poeta Alonso Díaz, que escribió la historia de la imagen en 1611; el franciscano fray Juan Álvarez de Sepúlveda…

Ya en el siglo XX, numerosas personalidades se han postrado ante Nuestra Señora, desde Jefes de Estado como Fancisco Franco, que estuvo orando ante la Virgen de Aguas Santas en su visita a Villaverde en 1963; hasta Sus Majestades los Reyes de España, D. Juan Carlos I y Doña Sofía, que lo hicieron en 1976. También el cardenal José María Bueno Monreal fue un gran devoto de Nuestra Madre, a la que coronó en 1979. Por último, es de destacar la gran devoción que siente el cardenal fray Carlos Amigo Vallejo por la Virgen de Aguas Santas, el cual ha gozado del privilegio de realizar su traslado en varias ocasiones.

 

La aparición

La Imagen de la Virgen de Aguas Santas, según la leyenda recogida en 1611 por el poeta Alonso Díaz, era propiedad de San Leandro, quien se la regaló a su hermano San Isidoro. Desde entonces fue venerada en la Iglesia Mayor de Sevilla, hasta que, con motivo de la invasión musulmana, la ocultaron unos devotos en las faldas de Sierra Morena ante el temor de que fuese profanada y destruida. Así permaneció desde el siglo VIII hasta que, reconquistado el Reino de Sevilla por los cristianos, se manifestó milagrosamente en el lugar de su ocultación, término de Villaverde, apareciéndosele a un pastor del lugar, llamado Juan Bueno.

Una segunda versión de la leyenda la recoge en 1680 fray Juan Alvarez de Sepúlveda, historiador de la Imagen: Un devoto sevillano muy mayor contó a los frailes haber oído desde niño que la Imagen se le apareció al pastor en tiempos del arzobispo San Isidoro, mandando éste construir la ermita, siendo después la Virgen tabicada en el mismo lugar a la llegada de los mahometanos, para aparecerse de nuevo en época cristiana; esta vez por revelación a un clérigo que la restituyó al culto y le sirvió durante toda su vida en la ermita.

El bello relato nos lo cuentan ambos autores de forma parecida: Pastoreaba Juan Bueno un hato de cabras en estas estribaciones de Sierra Morena con ocasión de una gran sequía en que desaparecieron fuentes y arroyos. Estando durmiendo la siesta, sueña con manantiales y ríos caudalosos cuando le despierta ruido de agua. No acaba de creérselo. Una caudalosa fuente ha brotado bajo una peña y su sediento ganado bebe de ella. Se acerca él también a satisfacer la sed y al cabo del tiempo descubre una pequeña imagen que ha aparecido con la fuente. Creyéndola una muñeca, la guarda en su zurrón. Cuando llega al pueblo al atardecer, entra en la taberna y allí la empeña a cambio de un vaso de vino. La tabernera la guarda bajo llave en el arca para que no la cojan sus hijas y al venir Juan Bueno a la mañana siguiente con dos maravedíes a desempeñarla, la muñeca ha desaparecido del interior del arca. Piensa el pastor que la tabernera quiere quedarse con ella y se va muy enfadado con su rebaño. Al llegar al lugar de la aparición se alegró al ver la fuente, pero más aún cuando descubrió que sobre la peña estaba su muñeca. Se preguntaba cómo habría llegado hasta allí y , tomándola en sus manos, por comprobar de qué materia estaba hecha, la golpeó por tres veces con su cuchillo en la espalda, brotando al instante tres gotas de sangre. Se le abrieron entonces los ojos, y comprendiendo que no era muñeca, sino Imagen de María la Virgen, corrió al pueblo y, contando el milagro, acudió toda la gente al sitio de la aparición, admirándose de la fuente y de la Imagen. El cura y las autoridades dispusieron llevarla en procesión a la Iglesia Parroquial.

Pero al igual que la Imagen había desaparecido del arca de la taberna, también se vuelve aquella noche de la parroquia al lugar de la aparición. La toman entonces y la llevan a Sevilla, narrando el pastor al arzobispo lo sucedido. El prelado envía notarios al lugar de Villaverde y manda guardar la Imagen y el cuchillo de Juan Bueno en un arca de plata dentro del Sagrario. Vueltos los notarios confirmando ser todo cierto, determinó el arzobispo dedicarle a la Imagen una capilla en la Iglesia Mayor; pero al ir a buscarla al Sagrario para trasladarla en solemne procesión, no encuentra en él más que el cuchillo. Manda entonces prender a Juan Bueno y éste asegura no haberla cogido, pero sí saber dónde se encuentra, ya que antes había ocurrido lo mismo otras dos veces. Envía de nuevo el prelado a los notarios al lugar de la aparición, ordenándoles que si hallan a la Imagen allí, no la traigan, pues sería voluntad de la Madre de Dios permanecer en aquel lugar.

Comprobando ser cierto el testimonio del pastor, el arzobispo ordena edificar en el sitio de la aparición una ermita donde sea venerada esta Imagen de la Virgen, que desde entonces es llamada de Aguas Santas.

 

Villaverde y Aguas Santas

La historia de la Virgen de Aguas Santas y la de Villaverde del Río corren parejas; Patrona y pueblo nacen juntos en la historia. No se tiene constancia cierta de la existencia de Villaverde hasta después de la conquista del Reino de Sevilla por Fernando III el Santo. De 1285 es el documento por el que se hace entrega de la villa al cabildo de la catedral de Sevilla; sobre esta misma fecha está datada también la Imagen de la Virgen de Aguas Santas. Unos años más tarde, Villaverde pasa a ser propiedad del arzobispo, lo que marcará la historia de su Patrona y su vinculación con la ciudad de Sevilla.

El primer testimonio escrito que deja traslucir la existencia de la Virgen y su ermita es un pergamino del archivo de la catedral, fechado en 1.337, en el que se habla de un molino harinero cerca de las eras del lugar en el camino de la fuente santa.

La ermita y la Imagen, por decisión del arzobispo, fueron atendidas a lo largo de los tiempos por sacerdotes nombrados por el prior de las ermitas. En 1.594, por acuerdo realizado entre el cardenal Rodrigo de Castro y el ministro provincial franciscano fray Juan del Hierro, fueron entregadas a la orden franciscana la Imagen de la Virgen de Aguas Santas y su ermita. La comunidad de frailes del cercano convento de San Francisco del Monte -término también de Villaverde- al frente de su guardián, fray Juan Jurado, se trasladó para ello, convirtiendo la ermita en provisional convento. El definitivo empezó a construirse en lo alto de la loma inmediata a la ermita en 1.603 y la Imagen de la Virgen fue trasladada a él solemnemente el día de Pentecostés de 1.612. Ese mismo año, el primer conde de Cantillana, Juan Vicentelo de Leca, firmó unas escrituras con los franciscanos, convirtiéndose él y sus sucesores en patronos del nuevo convento. Pudieron realizarse todas las obras necesarias gracias a las limosnas que se comprometieron a dar.

Cuando la imagen fue trasladada al convento, estuvo sirviendo de Iglesia durante cuarenta años lo que luego sería sacristía. En ella instalaron tres altares, colocanco en el central a nuestra Patrona. El día de la Natividad de 1.652 se bendijo la definitiva Iglesia y, después de trasladar la Virgen al altar mayor, celebró la cofradía de Villaverde en ella la primera misa, por ser el día de su fiesta.

El convento de Aguas Santas estuvo abierto hasta el año 1.835 en que las órdenes religiosas fueron exclaustradas (expulsadas de sus conventos) y sus bienes desamortizados (expropiados). La Iglesia, a pesar de todo, permaneció abierta y el domingo 31 de Enero del año siguiente, con autorización del arzobispado de Sevilla, se trasladó la Imagen de la Virgen de Aguas Santas a la Iglesia Parroquial de Villaverde. Desde entonces ha tenido altar propio en la misma, lugar que sólo deja para presidir el altar mayor en los días de su novena y para salir en procesión el día de la Natividad o en alguna ocasión especial.

En 1.907, el artista local Antonio Torres Sarmiento realizó una copia de la Virgen para ser venerada en la ermita del Convento, restaurada en múltiples ocasiones.

Desde que la Imagen de la Virgen de Aguas Santas fue trasladada a la Iglesia Parroquial de Villaverde del Río en 1.835, ha vuelto en varias ocasiones al lugar donde había permanecido durante varios siglos. La última vez que lo hizo fue en Octubre de 2004, dentro de los actos celebrados por la Hermandad en conmemoración del XXV Aniversario de su Coronación Canónica.

Villaverde siempre ha mostrado un amor inmenso hacia su Patrona, culminando este cariño cada 8 de Septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen, cuando la Imagen de Nuestra Madre abandona el templo para visitar todas las casas del pueblo. Al llegar a cada puerta, las puertas de éstas están abiertas de par en par y las familias enteras esperan ansiosos la llegada de la Virgen, tal y como se aprendió de nuestros mayores, tradición que se mantiene de generación en generación. ¡Cuántas miradas dirigidas a Ella! ¡Cuántas lágrimas de emoción corren por las mejillas! ¡Cuántos recuerdos se agolpan de repente!

Pero el amor que todo el pueblo de Villaverde siente hacia su Madre no es nada comparado con el que Ella siente hacia los Villaverderos. ¡Cuántos favores concedidos! ¡Cuántas cosas que agradecerle!

 

Una milagrosa imagen

La Virgen de Aguas Santas dejó bien claro desde el primer momento que era en el lugar de su aparición donde quería permanecer, que aquel era el sitio elegido por Ella para que se le venerase. La Ermita del Convento con su Fuente de Aguas Santas ha sido durante siglos y sigue siéndolo en la actualidad, un lugar privilegiado de encuentro del hombre con la Madre de Dios. Villaverde fue distinguido por la Virgen, y siempre los villaverderos han experimentado su especial protección y han reconocido como lugar sagrado el de su aparición. Se tiene constancia de muchos favores concedidos por mediación de la Imagen y del agua de la fuente a través de toda su larga historia. Los guardianes del convento de Aguas Santas dejaron relatados por escrito un total de 68 milagros ocurridos durante los siglos XV al XVIII; también se tiene constancia de otros concedidos posteriormente.

Han contribuido a la fama de la Virgen de Aguas Santas y al aumento de su devoción tanto su poder de conceder favores personales, como su intercesión en grandes catástrofes. Su último favor colectivo, reconocido por todo Villaverde como milagro fue cuando la crecida y la fuerza del río Guadalquivir rompieron el muro que tradicionalmente defendía al pueblo de las riadas por la llamada Cañada de la Molineta. Ocurrió el 18 de Febrero de 1.963. El pueblo entero se inundó y las zonas más bajas (Los Remedios, la Heza, el Castillo, el Lejío,...) quedaron bajos las aguas. En la madrugada del día siguiente, cuando el agua, que no había dejado de subir, estaba a punto de entrar en la iglesia, situada en lo más alto del pueblo, el párroco, Juan Barrios Olier, sacó al porche la Imagen de Ntra. Sra. de Aguas Santas. Se avisó a la gente, y quien pudo se acercó a la plaza; los demás rezaban en sus casas; todos lloraban y pedían a la Virgen que acabara aquella pesadilla. En aquel momento el agua dejó de subir y en pocas horas el pueblo quedó seco.

Pero no solamente los vecinos de Villaverde han experimentado y experimentan favores de la Virgen. En los relatos de milagros nos encontramos con personas venidas de Cantillana, Brenes, Alcalá del Río, Sevilla y, a veces, de sitios no tan cercanos; incluso de lugares lejanos como Extremadura, Galicia o América. La mayoría de estos favores se experimentan ante la presencia de la Imagen y al beber o bañarse en el agua de la fuente; otros ocurren al invocar el nombre de la Virgen, al ungir con aceite de su lámpara o al imponer una prenda suya en el peligro, la necesidad o la enfermedad.

La fama de la Virgen de Aguas Santas extendió su devoción a otros lugares del arzobispado; así en Ardales (Málaga), que siempre fue archidiócesis de Sevilla, tienen por Patrona a la Virgen de Villaverde, título posiblemente derivado de nuestra Virgen. Los franciscanos llevaron la advocación de Aguas-Santas a otras tierras, como a Extremadura, donde se venera como Patrona en Jerez de los Caballeros y en Salvaleón, y América, concretamente a Perú y Ecuador, donde rezan a la Virgen con nuestro mismo nombre de Aguas Santas.

En esta época en que tanto se habla de incredulidad, es asombroso la cantidad de testimonios de personas que acuden a la ermita, a la iglesia o a la hermandad a depositar su ofrenda, la mayoría de las veces anónima, como agradecimiento a un favor recibido. ¡Qué misterio más grande contemplar a la gente sencilla acercarse con total confianza a Ella, la Reina de los Cielos, sin cita previa ni protocolo, segura de ser recibida y escuchada!

La Imagen de la Virgen de Aguas Santas ha sido siempre a lo largo de su historia una Virgen viajera. A ello han contribuido en gran medida dos circunstancias: el origen sevillano que la leyenda le atribuye y la propiedad del término municipal de su aparición. Efectivamente, al ser Villaverde señorío de la Iglesia de Sevilla desde la conquista cristiana, el arzobispo y el cabildo de la catedral se sentían dueños de la Imagen. A ello contribuía además la leyenda, pero basándose en ella y para no contradecir los deseos expresados en la aparición, cada vez que la Imagen iba a Sevilla había acuerdo escrito del tiempo de permanencia en la ciudad. Cuenta uno de los milagros que en cierta ocasión en que la llevaron con intención de quedársela, la Imagen se volvió misteriosamente a su ermita. Pero las peticiones de llevar la Virgen a Sevilla no sólo venían del arzobispo y del cabildo catedralicio; a veces era la cofradía sevillana de Aguas-Santas o el cabildo municipal de la ciudad quien hacía la solicitud.

¿Cuál era el motivo por el que la Virgen de Aguas Santas viajara a Sevilla? Siempre era para remediar algún mal; especialmente, con motivo de las sequías, pero también la llevaban para combatir epidemias, tan frecuentes en siglos pasados.

La Virgen, para viajar a Sevilla era colocada en unas sencillas andas llevadas por clérigos, a veces miembros del cabildo de la catedral, otras, sacerdotes cofrades. Tan sólo hay constancia de dos ocasiones en que no fue en andas: una vez en el siglo XVI fue llevada a caballo por la premura de tiempo y otra, en 1595, la llevaron en una litera (esto fue cuando se la quisieron quedar). El recorrido era siempre el mismo: desde la ermita o desde el convento venía a Villaverde y desde aquí, cruzando el Siete Arroyos, a Sevilla por el camino de Alcalá, atravesando este pueblo y cruzando el Guadalquivir por la barca puente; después atravesaba la Rinconada y llegaba a Sevilla por la antigua Calzada. Su primera parada en la capital era en el hospital de las Cinco Llagas, donde la familia Enríquez de Ribera le dedicaba los primeros cultos; días después entraba en la ciudad por el arco de la Macarena y la calle San Luis hasta la iglesia de San Marcos; allí, y posteriormente en la iglesia de San Salvador, se celebraban cultos organizados por su cofradía y devotos, terminados los cuales venían a recoger a la Imagen los dos cabildos, eclesiástico y municipal, que en procesión solemne la trasladaban a la catedral, donde presidiendo el altar mayor se le dedicaba una o varias novenas. Terminados los cultos, la Virgen volvía haciendo estación en los mismos lugares que en la ida.

Estos traslados tenían carácter mitad de procesión, mitad de romería: la Virgen iba y volvía bajo palio y los hermanos acompañaban con hachas encendidas; en cada término municipal le esperaba el clero con capa pluvial y cruz parroquial. Era tanta la gente que acompañaba que se pedían permisos para atravesar los pueblos y para que las personas pudieran descansar y refrescarse en los mismos; igualmente se preveían barcos en Alcalá para cruzar el río, ya que con la barca puente no era suficiente.

La Hermandad posee documentos de visitas de la Virgen a Sevilla durante el siglo XVI en seis ocasiones: 1566, 1571, 1580, 1589, 1595 y otra en fecha no precisa. Con la llegada de los franciscanos se firmaron las escrituras de entrega, y en ellas la séptima condición era que cada vez que la ciudad de Sevilla pidiera la Imagen por falta de agua o por remedio de enfermedades, los religiosos la entregasen. Así se hizo en 1595, 1605 y 1640. Unos diez religiosos del convento acompañaron en estos traslados a la Virgen.

La Virgen de Aguas-Santas, además, viajó expresamente a Alcalá del Río en varias ocasiones: en 1668 con motivo de una sequía y en 1800 y 1807 por epidemias. También hay constancia de una visita de la Virgen a Cantillana y otra a Brenes, las dos por epidemias de peste. A Cantillana la llevaron en 1602, dedicándole una novena de rogativas; cuando acabó la misma, como no devolvían a la Imagen, ésta se bajó desde el trono al altar y, al ver el prodigio, la llevaron a su ermita. En 1649 la peste asolaba Sevilla y los de Brenes solicitaron visitara su pueblo la Virgen de Aguas-Santas; cruzando la barca puente, les llevaron la Imagen el día de la Cruz de Mayo y al siguiente la devolvieron al convento; el contagio no les llegó y, además, se curaron milagrosamente en el pueblo cinco apestados fugitivos de Sevilla.

Pero los villaverderos no se conformaban con subir al convento o salir al cruce de caminos a despedir a su Patrona cada vez que viajaba; también ellos querían sentir la presencia aún más cercana de su visita. Y así la Virgen vino a Villaverde cuando la peste de 1649; nadie se contagió de la epidemia y su intercesión fue recogida por Fray Juan Alvarez como milagrosa. Otra ocasión en que la Virgen de Aguas Santas estuvo en Villaverde fue en 1680, con motivo de otra sequía. En 1734 le dedicaron una novena de rogativas por falta de agua, y en 1800 otra por una epidemia de cólera. Las dos últimas fechas en que la Imagen de la Virgen vino a nuestro pueblo antes de su traslado definitivo fue en 1833 y 1834. La trajeron a causa de nuevas epidemias.

El 31 de Enero de 1836, la Virgen de Aguas Santas vino definitivamente a quedarse en el pueblo. En conmemoración del 150 aniversario de este traslado la Imagen volvió a su ermita el 2 de Junio de 1985 por un día, el día de su romería, la Misa del Convento . También con el mismo motivo realizó dos salidas extraordinarias, recorriendo su antiguo itinerario por las calles de Villaverde.